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18 noviembre 2020

ONLINE GALLERY ART




                                                                       

                                                             
                                                                         SAATCHI ART



                                                                            

02 febrero 2017

REENCUENTRO



 Edvard Munch (1863-1944)

Se ha dicho que este pintor expresionista noruego padecía esquizofrenia, pero al parecer no la tuvo sino que le diagnosticarontroversión; por los excesos alcohólicos, y por la continua relación con la enfermedad y la muerte, ya que su hermana Sophie y su madre se murieron de tuberculosis, y su hermana Laura estuvo ingresada y murió en un centro psiquiátrico porque tenía esquizofrenia.
« depresión caracterizada por su inEnfermedad, muerte y locura fueron los ángeles negros que velaron mi cuna y, desde entonces, me han perseguido durante toda mi vida», expresó Munch a lo largo de su vida.
La obra más célebre del pintor noruego es «El grito»Edvard Munch explicó cómo la creó: «Estaba caminando por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes lla y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quedé allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza».meantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro
Recome.ndación cinematográfica: «Edvard Munch» del director inglés, Peter Watkins 1974

08 noviembre 2016

LIBERA LO INVISIBLE


Rosavino

Poema inedito, que mi buen amigo Pedro Enriquez
 ha tenido la deferencia de dejarme publicar en primicia

 LIBERA LO INVISIBLE

En el río aún los vestigios. 
Es otra música el comienzo de los pasos, 
adivinar el peso del cuerpo 
sobre la tierra madre. 
¿Qué viniste a buscar? 
¿Acaso tiene nombre la búsqueda 
de lo que se desconoce? 
El agua conquista la senda del tiempo primigenio, 
pero en esta ladera de la primera mirada 
nada tiene nombre propio, 
consistencia de historia, 
raíz de misterio. 
¿ES preferible rendirse al cansancio 
y cerrar las páginas donde se escribe olvido? 
Sólo arena roja que aventan las ruedas gastadas, 
por un momento conciencia de huella. 
¿Qué luz única aguardan los ojos, 
comprende el aire, 
ora en la piedra? 
¿Dónde el lenguaje de las señales? 
En el principio fue un nombre, 
un sueño de vocales y sílabas, 
un reflejo que hiere la superficie del instinto 
en diálogo con los labios, 
una tormenta desbocada en papeles arrugados. 
Las imágenes nacen y confunden, 
sólo el engaño de la nada, 
la verdad oculta en un rostro fingido. 
Ahora lo descubres en compañía de otros 
que hablan de si mismos, 
Me someto a la huida de los sentidos, 
cierro los ojos por un instante infinitos. 
No hay argumento 
para lo oculto innombrable: 
libera lo invisible.

Pedro Enriquez

13 mayo 2013

Estar solo


Estar solo




Albertina Azocar, la chica de la boina gris, fue una de las musas de Pablo Neruda. Los Veinte poemas de amor, una de las obras de Neruda más conocidas y leídas en el mundo, contienen sólo algunos de los cientos de poemas que en su juventud el poeta le dedicó.

Se conocieron en el instituto Pedagógico de Santiago donde ambos estudiaban francés y por dos años mantuvieron un discreto romance que solo terminó cuando ella, para no contrariar a su familia que era muy conservadora, prefirió alejarse de Neruda,. Albertina guardó el secreto de su amor adolescente durante 50 años, así como 111 cartas que Neruda le escribió entre 1922 y 1932. A ella le dedicó también el poema 15 (Me gustas cuando callas)



Poema VI

Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.

Pablo Neruda

08 abril 2013

¡Ser, o no ser..



Lo vulgar es el ronquido, lo inverosímil, el sueño. La humanidad ronca, pero el artista está en la obligación de hacerla soñar o no es artista.

Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.

30 marzo 2013


Se acabo en el 100 x 110


LA GALERIA DE ARTE   
Descolgué el abrigo de la enorme percha y abandoné la lóbrega taberna, atrás, quedó un murmullo de conversaciones, una sutil y espesa niebla de tabaco sobre el tosco techo de madera. Al salir, el fuerte muelle aprisionó la puerta apagando completamente el sonido interior.
En la torre, el corazón de la campana con sus rítmicos latidos, acusó indiferente la media noche.
Emprendí el camino solitario hasta mi casa, un recorrido corto, como otras noches, sin  presencia de un alma.
Al pasar frente a la vieja galería, aprecié un hilo diminuto de luz amarillenta escaparse fugaz entre las pesadas hojas de la puerta. La curiosidad me pudo. La noche pareció oscurecerse más y, el silencio reinante, se convirtió en un sonido muy fino, cristalino, metálico.
La tenue fisura de luz amarilla era una brillante llama; en su indeciso parpadeo, me llamaba entre susurros. De repente, me vi allí, frente a la inmensa y centenaria puerta, con las manos abiertas empujándola y adentrándome en el interior.
La vieja galería me conocía como a un hijo adoptado.
No soy de esta ciudad, cuando llegué a ella, ya empezaban a blanquear mis cabellos, mis ojos, precisaban de unas lentes para separar las palabras cuando leía. Con el tiempo, surgió una estrecha amistad con Andrés; conservador, cuidador, administrador, en definitiva, dueño de esta casa colonial, herencia de sus antepasados y transformada con delicadeza en galería de arte.
Sobresalientes artistas han expuesto en sus salas, otros, nobeles y jóvenes promesas, han emprendido el camino juntos, demostrando que en el arte existe algo más allá de lo material; posiblemente, la sensibilidad y altruismo de quien lo regenta.
Mi conocimiento de la casa era absoluto. Normalmente ayudaba a Andrés a descolgar los cuadros y preparar las paredes entre exposición y exposición y, él, un entendido en la materia, me explicaba las técnicas, los estilos, y hasta los defectos más inapreciables de las pinturas que se mostraban. Un sótano bien aislado y, en perfecto orden, almacenaba las obras que, en concepto de pago o comisión, la mayoría de las veces le eran entregadas. Yo le ayudaba a protegerlas, y de paso, descorchábamos alguna que otra botella de vino, dejando que el paladar y la música de los lienzos, buscase la conversación adecuada.
Irrumpí en el espacioso hall. La intensidad del alumbrado emitía apenas un haz de claridad. Los amplios ventanales mostraban sus postigos entre abiertos, dejando pasar un resplandor anaranjado. El sonido metálico del silencio se detuvo y una sensación de inquietud imparable comenzó a alojarse en mi mente. Con sigilo y rapidez ascendí las escaleras, presentía algo inesperado, terrible, pues, el dueño era sumamente ordenado y nunca dejaría la galería abierta, a no ser por un motivo demasiado importante.
Una tras otra recorrí las salas ante la estoica mirada de todos los cuadros; incluso, aparté los gruesos cortinajes de terciopelo que cubrían algunos rincones donde no se exponía. Bajé las escaleras de frío mármol verificando la ausencia en las salas de algo anormal. La puerta del sótano, entre-abierta, me hizo ascender con apresuramiento. Rebusqué en todos los rincones sin hallar nada; los latidos de mi corazón se escuchaban en el silencio como el repique de un tambor. Sobre la mesa donde solíamos dejar que se disolviera el tiempo había una nota en blanco y la vieja pluma de Andrés, en apariencia, dispuesta a escribir un mensaje.                                         
Me senté un momento; cerré los ojos intentando ordenar el desasosiego, mi memoria hacía y deshacía el recorrido intentando encontrar alguna respuesta. Un soplo de aire hizo presencia; el envoltorio de papel de los cuadros, al contacto con este inesperado fluido vibró, ocasionando un sonido semejante a las hojas secas del bosque cuando las pisa un leñador.
Abrí al instante los ojos; ríos de espesa saliva aprisionaron mi garganta, un vaho azulado emergía de mi boca; mi cuerpo entero se estremeció. Subí despacio las escaleras de madera, al contacto con mi cuerpo, producían un extraño sonido, como si fuesen palabras atrapadas en un eco lejano.
La tímida luz parecía aferrarse a los cuadros. Mostraba otras formas, imágenes distintas a las que en realidad expresaban. De nuevo recorrí las salas observando detenidamente las pinturas. Había en ellas otros cuadros, secuencias superpuestas, diluidas formas humanas, animales famélicos, esqueletos de pájaros, largas avenidas de cipreses. Impresionado y a su vez atrapado en esta nueva visión, decidí apagar las luces, cerrar los postigos de las ventanas y, de un fuerte impulso, cerrar la puerta de la galería y esperar la quietud de un nuevo sol.
Aquella vigilia se hizo interminable, desvelado y perplejo apenas descansé unas horas. Como todos los días, de forma autómata, me dirigí al trabajo. Al pasar por la galería se acentuaron las imágenes de la noche anterior; aquellas formas desconocidas que aparecían en los cuadros cuando los observé por última vez. Mi trabajo consistía en ordenar y seleccionar los libros de la colosal biblioteca de la ciudad. Este día, como otros sucesivos, me centré en manuscritos antiguos relacionados con el misterio y las desapariciones de personas. Ensimismado en los pasajes más perplejos y en los casos sin resolver, el día pasó sin apenas darme cuenta.
De regreso a casa, al pasar por la galería todo estaba igual, cerrado y solitario. Anduve hasta el apartamento de Andrés interesado e inquieto por su repentina ausencia. Está situado en una margen del río, en este tiempo invernal apenas se aprecia el agua, pues una incorpórea neblina lo esconde de los ojos de los viandantes; a veces, la neblina asciende hasta la superficie dando la apariencia de una alfombra de humo.
Insistí haciendo vibrar el timbre, una y otra vez, hasta que un vecino debió escucharlo y bajó a ver que sucedía. Este me comentó no haber visto a Andrés hacía ya unos días; amablemente me abrió la puerta. Subí hasta su apartamento y con reiteración pulsé el timbre interior hasta que este comenzó a sonar de forma defectuosa. Después, llamé con las manos pronunciando su nombre; al final, me di por vencido sin hallar respuesta. Algunos vecinos salieron de sus apartamentos al escuchar el ruido que estaba provocando; ninguno de ellos había visto a mi amigo y, por la conversación que entablamos, nada fuera de lo normal habían observado; tan solo, uno de ellos me comentó, que el día anterior, un hombre muy delgado, alto, vestido de negro, con larga capa y negro sombrero de ala ancha visitó a Andrés; pero ya no le vio salir del apartamento ni tampoco había visto más a Andrés ni al hombre misterioso.
Al día siguiente, en la biblioteca, seguí buscando obsesionado en los libros antiguos alguna pista, sin saber con precisión, qué estaba buscando. Ya por la tarde, al terminar la jornada, denuncié en la Gendarmería la repentina desaparición de mi amigo.
De vez en cuando, volvía al despacho del investigador que llevaba el caso y nunca hallaba respuesta. Indagué por mi cuenta rastreando a sus parientes; pero cuando parecía aproximarme, se perdía la señal, como la de mi vieja radio cuando sintonizaba con mi tierra. Los años se hicieron largos, vacíos, amontonados de preguntas sin respuesta. Mi trabajo en la biblioteca concluyó y con ello mi estancia en este húmedo país. Coincidió que en estos días levantaron el precinto de la galería. Regresaron a mi todas las sensaciones y, arrastrado por un soplo casi humano, me encontré de repente en aquel hall que, de un modo u otro, marcó todos estos años de mi vida.
Tan solo había dos personas en el interior; un hombre de estatura media, vestido con traje oscuro y portador de un deslustrado bombín, le acompañaba una señora delgada, con carpeta en mano y un modesto sombrerito verde de paño; vestimenta esta, típica de las secretarias de juzgado. Enseguida me presenté y les hice partícipes de mi presencia en el lugar. Amablemente autorizaron mi visita, permitiéndome recorrer la galería libremente.
El polvo apenas hacía presencia; después de tantos años, el lugar aparentaba estar encantado: el mismo orden, la limpieza, la luminosidad, todo permanecía igual que aquella noche de ausencias, cuando de un portazo, se cerraron largos años de amistad.
Emprendí el recorrido a la inversa de cómo lo hiciera la última vez. Con cierto sigilo, descendí la escalera con la torpeza de la edad, con mayor prudencia. Crujieron los peldaños de madera, mientras, mis ojos recorrían los rincones y estantes donde ya-cían los cuadros perfectamente ordenados.
Después de observarlo todo con atención hice un pequeño descanso sentado a la mesa, cargado de recuerdos junto a la nota en blanco y la pluma de mi ausente amigo. Ajenos al reloj, mis ojos se cerraron y, por momentos, caí en un inesperado sueño. Una repentina ráfaga de aire me despertó sobresaltado.
Pronto aprecié un cambio. Aquella página en blanco sobre la mesa era diferente, ahora tenía el color de los años pasados. La tomé en las manos con suma delicadeza. Sobre el amarillento papel, en tono más claro, se encontraba oculto un mensaje. Mi desalentado corazón aceleró el paso, mis viejas lentes montaron en guardia para descifrar el enigma de aquellas transparentes palabras:      “Querido amigo Mark (el vello se me hizo alambre), tenía la certeza que este momento llegaría, no con tanta premura para no poder dejar en ti un atisbo de sosiego o, una explicación convincente por mi repentina marcha. (Con respeto se forjó nuestra amistad, motivo este, para que nunca profundizásemos en lo intimo y personal) Hace muchos años, muchos más que en los que discurre una vida, yo era un pintor afamado. Mi obra era conocida y expuesta en las más prestigiosas galerías de todo el mundo. En el circulo más intimo se urdió una conspiración para acabar con mi vida y repartirse el botín; mi legado. En la más miserable sombra, envenenaron el vino de mi copa y, una muerte lenta y nublosa, fue apoderándose de mí. Antes que la traición en el vino se llevase mi último aliento, imploré venganza a coste de cualquier precio. De la espesa tiniebla surgió un hombre delgado, muy alto, vestido de riguroso negro. Con manos ahuesadas y brillantes abrió su capa; de ella apareció una paloma de plata. Se posó sobre la mesa y, de mi copa, bebió el vino que quedaba, después, abrió las alas y por la ventana partió volando.
A pesar de la gélida sensación de la muerte, recuerdo con claridad mi sepelio. Abrigado en la niebla de mi inexistencia, los rostros de mis asesinos, todos estos años, han estado en mí presentes.
Aquella paloma siguió volando. Oculta entre los aparejos de un barco cruzó el inmenso océano. Llegó hasta esta ciudad, a las puertas de una gran casa colonial, se transformó en un desamparado muchacho y, los dueños de la casa, le acogieron como un regalo llegado del cielo, como aquel hijo que tanto desearon y nunca tuvieron.
Siempre he tenido conciencia de mi pasado. Esta mañana apareció repentinamente el hombre vestido de negro en mi apartamento, ha venido a llevarme al otro lado del espejo, a recorrer eternamente el subconsciente de los museos, a caminar sin rumbo el misterio de los cuadros. Ha venido a recaudar el precio que convenimos. Apenas me ha dejado un instante para pasar por la galería y dejarte una nota como último deseo. La tinta de la pluma se ha secado; no obstante, tengo la certeza que un día llegará a tus manos. Tan solo me resta decirte adiós, agradecerte estos hermosos años de amistad que juntos hemos transitado. Eternamente tuyo, Andrés”.
Las sirenas del inmenso buque anuncian la llegada a puerto espantando a una multitud de gaviotas y pájaros que posan los mástiles y aparejos del barco. Apoyado en la barandilla de cubierta miro hacia atrás y, mi cansada mente, henchida de recuerdos se diluye en el interminable océano. Por qué habré regresado, me pregunto, soy un extraño en mi tierra. En esta añoranza que sienten los sin patria, una hermosa paloma blanca me observa desde lo más alto; nos miramos y, un sentimiento nuevo, nace en mí. Ya no me siento tan extraño.  

Marcos Jimenez León

http://cmomentos.blogspot.com.es/

29 julio 2010

SILENCIOSO A LA ORILLA




LOS LATIDOS JUGARON A SER MONITORES DE PUENTING

La palabra prefirió unas vacaciones en el Klimanjaro,
mientras mi faringe, le encargó a una agencia de viajes
que le diseñara unos días en un clima casi desértico.
Quería huir del mar, ni siquiera él, gabinete de sombras,
hubiera podido soportar un instante más el de la tuya.

Escogí el Sahara para que sus tormentas de arena
le taparan la boca a la extravagancia,
y que el deseo loco de antes de la deserción
quedara escondido entre los tesoros de la jaimas
y no pudieras acusarme de ser la culpable de tu olvido.

Ahora sólo queda poner en venta sus antiguos gestos.
Las muecas de la pena acabaron por desentonar en una casa,
donde se jugaba al escondite con las sonrisas
para hacerle un favor a ese rostro Art Déco
que había dejado de pertenecernos.

Las ganas se hicieron corredores de Formula Uno,
escogieron el intrincado circuito de tus ojos.
Equivocaron la dirección,
la renuncia no estaba acariciando la línea de meta
y bajo sus ruedas quedaron impresos,
como premio póstumo, los despojos de la prisa.

Los latidos jugaron a ser monitores de puenting.
Pero en cada salto, como nadadores sin estilo definido,
fuimos perdiendo poder bajo el abrazo del vértigo.

Y en la hora de ojos muy abiertos,
cuando la eternidad es reclamada por los orates,
la huella roja de tu ausencia
dejó bien escrito en el último vértice:
Sin ti, se me abortó la vida.

Marian Raméntol
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http://www.marianramentol.blogspot.com/
Poema perteneciente al libro "Hay un Area de descanso un poco más abajo de mi vientre". Ediciones Atenas. 2006. Portada realizada por Rosa Buck.

18 abril 2010

Joseph Mallord William Turner En Madrid


También se adelanto a los acontecimientos de la Naturaleza. Espero su exposición con gran impaciencia.



WILLIAM TURNER Y EL AÑO SIN VERANO

En abril del año 1815, la erupción del Monte Tambora, en Indonesia, vertió a la atmósfera aproximadamente 100 kms. cúbicos de polvo, cenizas, y demás residuos en lo que fue la erupción volcánica más violenta de los tiempos modernos. Se cree que ésta fue la causa de que el año siguiente, 1816, fuese conocido como "El año sin verano", por la climatología extraordiariamente fría del mismo, y por las nieblas -causadas por la ceniza del volcán- que cubrieron gran parte del planeta. Muchos teóricos afirman que este fenómeno atmósferico inspiró muchas obras de Joseph Mallord WilliamTurner



El Monte Tambora, en Indonesia, con el espectacular cráter causado por la erupción (foto

30 octubre 2009

LA DOUCE FRANCE

Lorsque je regarde les tableaux d'Andrés Rueda, je pense inévitablement à cette définition de Paul Eluard: "La terre est bleue comme une orange..."... Dans le monde d'Andrés, le bleu est mer(e) de toutes les couleurs et de toutes les lumières et ses tableaux ont cette rondeur et cette intensité que donne l'harmonie lorqu'elle est aboutie.
Françoise de Haene-Eleta


Las fotografias son de mi estancia en Francia , durante unos dias en este final de Octubre . me he llenado de Naturaleza para preparar mis proximos trabajos que seran expuestos en , San Sebastian, Castellon, Madrid etc..








 


Y con las luces del alba,
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre;
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada



Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes,
bajo la luz y la sombra
en los dibujos del aire




Y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondra a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza.



Todo es mentira todo es mentira menos tu,
Todo es mentira todo es mentira menos tu...



Voy buscando un lugar
Perdido en el mar
Donde pueda olvidar
Del mundo la maldad
La soledad quiero buscar
Para poder morir en paz



Miralos como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los railes
que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre
su parasita ambición.

Luis Eduardo Aute

01 octubre 2009

MOMENTOS DE AMOR , CON POEMAS DESESPERADOS







NO VOLVEREMOS A VAGAR...

Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días.
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna

Lord Byron





DESNUDEZ

Roza, suavemente, mis anhelos
Delinea, lentamente, el borde de mis sueños.
Cobija, tiernamente, la desnudez de mi alma...



AVE FENIX

Los hombres están hechos para entenderse
Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres
Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres
Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres
La de todos los tiempos


Paul Eluard



CANCION OTOÑAL

Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.

Federico Garcia Lorca



TODO ERA AZUL

Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.

Miguel Hernandez