"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino". Viktor Frankl
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18 noviembre 2020
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02 febrero 2017
REENCUENTRO
Edvard Munch (1863-1944)
Se ha dicho que este pintor expresionista noruego padecía esquizofrenia, pero al parecer no la tuvo sino que le diagnosticarontroversión; por los excesos alcohólicos, y por la continua relación con la enfermedad y la muerte, ya que su hermana Sophie y su madre se murieron de tuberculosis, y su hermana Laura estuvo ingresada y murió en un centro psiquiátrico porque tenía esquizofrenia.
« depresión caracterizada por su inEnfermedad, muerte y locura fueron los ángeles negros que velaron mi cuna y, desde entonces, me han perseguido durante toda mi vida», expresó Munch a lo largo de su vida.
La obra más célebre del pintor noruego es «El grito». Edvard Munch explicó cómo la creó: «Estaba caminando por un camino con ambos amigos. Se puso el sol. Sentí un ataque de melancolía. De pronto el cielo se puso rojo como la sangre. Me detuve y me apoye en una barandilla muerto de cansancio y mire las nubes lla y la ciudad. Mis amigos continuaron caminando. Me quedé allí temblando de miedo y sentí que un grito agudo interminable penetraba la naturaleza».meantes que colgaban como sangre, como una espada sobre el fiordo azul-negro
Recome.ndación cinematográfica: «Edvard Munch» del director inglés, Peter Watkins 1974
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REENCUENTRO
08 noviembre 2016
LIBERA LO INVISIBLE
Rosavino
Poema inedito, que mi buen amigo Pedro Enriquez
ha tenido la deferencia de dejarme publicar en primicia
LIBERA LO INVISIBLE
En el río aún los vestigios.
Es otra música el comienzo de los pasos,
adivinar el peso del cuerpo
sobre la tierra madre.
¿Qué viniste a buscar?
¿Acaso tiene nombre la búsqueda
de lo que se desconoce?
El agua conquista la senda del tiempo primigenio,
pero en esta ladera de la primera mirada
nada tiene nombre propio,
consistencia de historia,
raíz de misterio.
¿ES preferible rendirse al cansancio
y cerrar las páginas donde se escribe olvido?
Sólo arena roja que aventan las ruedas gastadas,
por un momento conciencia de huella.
¿Qué luz única aguardan los ojos,
comprende el aire,
ora en la piedra?
¿Dónde el lenguaje de las señales?
En el principio fue un nombre,
un sueño de vocales y sílabas,
un reflejo que hiere la superficie del instinto
en diálogo con los labios,
una tormenta desbocada en papeles arrugados.
Las imágenes nacen y confunden,
sólo el engaño de la nada,
la verdad oculta en un rostro fingido.
Ahora lo descubres en compañía de otros
que hablan de si mismos,
Me someto a la huida de los sentidos,
cierro los ojos por un instante infinitos.
No hay argumento
para lo oculto innombrable:
libera lo invisible.
Es otra música el comienzo de los pasos,
adivinar el peso del cuerpo
sobre la tierra madre.
¿Qué viniste a buscar?
¿Acaso tiene nombre la búsqueda
de lo que se desconoce?
El agua conquista la senda del tiempo primigenio,
pero en esta ladera de la primera mirada
nada tiene nombre propio,
consistencia de historia,
raíz de misterio.
¿ES preferible rendirse al cansancio
y cerrar las páginas donde se escribe olvido?
Sólo arena roja que aventan las ruedas gastadas,
por un momento conciencia de huella.
¿Qué luz única aguardan los ojos,
comprende el aire,
ora en la piedra?
¿Dónde el lenguaje de las señales?
En el principio fue un nombre,
un sueño de vocales y sílabas,
un reflejo que hiere la superficie del instinto
en diálogo con los labios,
una tormenta desbocada en papeles arrugados.
Las imágenes nacen y confunden,
sólo el engaño de la nada,
la verdad oculta en un rostro fingido.
Ahora lo descubres en compañía de otros
que hablan de si mismos,
Me someto a la huida de los sentidos,
cierro los ojos por un instante infinitos.
No hay argumento
para lo oculto innombrable:
libera lo invisible.
Pedro Enriquez
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13 mayo 2013
Estar solo
Estar solo
Albertina Azocar, la chica de la boina gris, fue una de las musas de Pablo Neruda. Los Veinte poemas de amor, una de las obras de Neruda más conocidas y leídas en el mundo, contienen sólo algunos de los cientos de poemas que en su juventud el poeta le dedicó.
Se conocieron en el instituto Pedagógico de Santiago donde ambos estudiaban francés y por dos años mantuvieron un discreto romance que solo terminó cuando ella, para no contrariar a su familia que era muy conservadora, prefirió alejarse de Neruda,. Albertina guardó el secreto de su amor adolescente durante 50 años, así como 111 cartas que Neruda le escribió entre 1922 y 1932. A ella le dedicó también el poema 15 (Me gustas cuando callas)
Poema VI
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
Pablo Neruda
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08 abril 2013
¡Ser, o no ser..
Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) Escritor español.
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Enrique Jardiel Poncela
30 marzo 2013
Se acabo en el 100 x 110
LA
GALERIA DE ARTE
Descolgué el abrigo de la
enorme percha y abandoné la lóbrega taberna, atrás, quedó un murmullo de
conversaciones, una sutil y espesa niebla de tabaco sobre el tosco techo de
madera. Al salir, el fuerte muelle aprisionó la puerta apagando completamente
el sonido interior.
En la torre, el corazón
de la campana con sus rítmicos latidos, acusó indiferente la media noche.
Emprendí el camino
solitario hasta mi casa, un recorrido corto, como otras noches, sin presencia de un alma.
Al pasar frente a la
vieja galería, aprecié un hilo diminuto de luz amarillenta escaparse fugaz
entre las pesadas hojas de la puerta. La curiosidad me pudo. La noche pareció
oscurecerse más y, el silencio reinante, se convirtió en un sonido muy fino, cristalino,
metálico.
La tenue fisura de luz
amarilla era una brillante llama; en su indeciso parpadeo, me llamaba entre
susurros. De repente, me vi allí, frente a la inmensa y centenaria puerta, con
las manos abiertas empujándola y adentrándome en el interior.
La vieja galería me
conocía como a un hijo adoptado.
No soy de esta ciudad,
cuando llegué a ella, ya empezaban a blanquear mis cabellos, mis ojos,
precisaban de unas lentes para separar las palabras cuando leía. Con el tiempo,
surgió una estrecha amistad con Andrés; conservador, cuidador, administrador,
en definitiva, dueño de esta casa colonial, herencia de sus antepasados y
transformada con delicadeza en galería de arte.
Sobresalientes artistas
han expuesto en sus salas, otros, nobeles y jóvenes promesas, han emprendido el
camino juntos, demostrando que en el arte existe algo más allá de lo material;
posiblemente, la sensibilidad y altruismo de quien lo regenta.
Mi conocimiento de la
casa era absoluto. Normalmente ayudaba a Andrés a descolgar los cuadros y
preparar las paredes entre exposición y exposición y, él, un entendido en la
materia, me explicaba las técnicas, los estilos, y hasta los defectos más
inapreciables de las pinturas que se mostraban. Un sótano bien aislado y, en
perfecto orden, almacenaba las obras que, en concepto de pago o comisión, la
mayoría de las veces le eran entregadas. Yo le ayudaba a protegerlas, y de
paso, descorchábamos alguna que otra botella de vino, dejando que el paladar y
la música de los lienzos, buscase la conversación adecuada.
Irrumpí en el espacioso
hall. La intensidad del alumbrado emitía apenas un haz de claridad. Los amplios
ventanales mostraban sus postigos entre abiertos, dejando pasar un resplandor
anaranjado. El sonido metálico del silencio se detuvo y una sensación de
inquietud imparable comenzó a alojarse en mi mente. Con sigilo y rapidez
ascendí las escaleras, presentía algo inesperado, terrible, pues, el dueño era
sumamente ordenado y nunca dejaría la galería abierta, a no ser por un motivo
demasiado importante.
Una tras otra recorrí las
salas ante la estoica mirada de todos los cuadros; incluso, aparté los gruesos
cortinajes de terciopelo que cubrían algunos rincones donde no se exponía. Bajé
las escaleras de frío mármol verificando la ausencia en las salas de algo
anormal. La puerta del sótano, entre-abierta, me hizo ascender con
apresuramiento. Rebusqué en todos los rincones sin hallar nada; los latidos de
mi corazón se escuchaban en el silencio como el repique de un tambor. Sobre la
mesa donde solíamos dejar que se disolviera el tiempo había una nota en blanco y
la vieja pluma de Andrés, en apariencia, dispuesta a escribir un mensaje.
Me senté un momento;
cerré los ojos intentando ordenar el desasosiego, mi memoria hacía y deshacía
el recorrido intentando encontrar alguna respuesta. Un soplo de aire hizo
presencia; el envoltorio de papel de los cuadros, al contacto con este
inesperado fluido vibró, ocasionando un sonido semejante a las hojas secas del
bosque cuando las pisa un leñador.
Abrí al instante los
ojos; ríos de espesa saliva aprisionaron mi garganta, un vaho azulado emergía
de mi boca; mi cuerpo entero se estremeció. Subí despacio las escaleras de madera,
al contacto con mi cuerpo, producían un extraño sonido, como si fuesen palabras
atrapadas en un eco lejano.
La tímida luz parecía
aferrarse a los cuadros. Mostraba otras formas, imágenes distintas a las que en
realidad expresaban. De nuevo recorrí las salas observando detenidamente las
pinturas. Había en ellas otros cuadros, secuencias superpuestas, diluidas
formas humanas, animales famélicos, esqueletos de pájaros, largas avenidas de
cipreses. Impresionado y a su vez atrapado en esta nueva visión, decidí apagar
las luces, cerrar los postigos de las ventanas y, de un fuerte impulso, cerrar
la puerta de la galería y esperar la quietud de un nuevo sol.
Aquella vigilia se hizo
interminable, desvelado y perplejo apenas descansé unas horas. Como todos los
días, de forma autómata, me dirigí al trabajo. Al pasar por la galería se
acentuaron las imágenes de la noche anterior; aquellas formas desconocidas que
aparecían en los cuadros cuando los observé por última vez. Mi trabajo
consistía en ordenar y seleccionar los libros de la colosal biblioteca de la
ciudad. Este día, como otros sucesivos, me centré en manuscritos antiguos
relacionados con el misterio y las desapariciones de personas. Ensimismado en
los pasajes más perplejos y en los casos sin resolver, el día pasó sin apenas
darme cuenta.
De regreso a casa, al
pasar por la galería todo estaba igual, cerrado y solitario. Anduve hasta el
apartamento de Andrés interesado e inquieto por su repentina ausencia. Está
situado en una margen del río, en este tiempo invernal apenas se aprecia el
agua, pues una incorpórea neblina lo esconde de los ojos de los viandantes; a
veces, la neblina asciende hasta la superficie dando la apariencia de una
alfombra de humo.
Insistí haciendo vibrar
el timbre, una y otra vez, hasta que un vecino debió escucharlo y bajó a ver
que sucedía. Este me comentó no haber visto a Andrés hacía ya unos días;
amablemente me abrió la puerta. Subí hasta su apartamento y con reiteración
pulsé el timbre interior hasta que este comenzó a sonar de forma defectuosa.
Después, llamé con las manos pronunciando su nombre; al final, me di por
vencido sin hallar respuesta. Algunos vecinos salieron de sus apartamentos al
escuchar el ruido que estaba provocando; ninguno de ellos había visto a mi
amigo y, por la conversación que entablamos, nada fuera de lo normal habían observado;
tan solo, uno de ellos me comentó, que el día anterior, un hombre muy delgado,
alto, vestido de negro, con larga capa y negro sombrero de ala ancha visitó a
Andrés; pero ya no le vio salir del apartamento ni tampoco había visto más a
Andrés ni al hombre misterioso.
Al día siguiente, en la
biblioteca, seguí buscando obsesionado en los libros antiguos alguna pista, sin
saber con precisión, qué estaba buscando. Ya por la tarde, al terminar la
jornada, denuncié en la Gendarmería la repentina desaparición de mi amigo.
De vez en cuando, volvía
al despacho del investigador que llevaba el caso y nunca hallaba respuesta.
Indagué por mi cuenta rastreando a sus parientes; pero cuando parecía
aproximarme, se perdía la señal, como la de mi vieja radio cuando sintonizaba
con mi tierra. Los años se hicieron largos, vacíos, amontonados de preguntas
sin respuesta. Mi trabajo en la biblioteca concluyó y con ello mi estancia en
este húmedo país. Coincidió que en estos días levantaron el precinto de la
galería. Regresaron a mi todas las sensaciones y, arrastrado por un soplo casi
humano, me encontré de repente en aquel hall que, de un modo u otro, marcó todos
estos años de mi vida.
Tan solo había dos
personas en el interior; un hombre de estatura media, vestido con traje oscuro
y portador de un deslustrado bombín, le acompañaba una señora delgada, con
carpeta en mano y un modesto sombrerito verde de paño; vestimenta esta, típica
de las secretarias de juzgado. Enseguida me presenté y les hice partícipes de
mi presencia en el lugar. Amablemente autorizaron mi visita, permitiéndome
recorrer la galería libremente.
El polvo apenas hacía
presencia; después de tantos años, el lugar aparentaba estar encantado: el
mismo orden, la limpieza, la luminosidad, todo permanecía igual que aquella
noche de ausencias, cuando de un portazo, se cerraron largos años de amistad.
Emprendí el recorrido a
la inversa de cómo lo hiciera la última vez. Con cierto sigilo, descendí la
escalera con la torpeza de la edad, con mayor prudencia. Crujieron los peldaños
de madera, mientras, mis ojos recorrían los rincones y estantes donde ya-cían
los cuadros perfectamente ordenados.
Después de observarlo
todo con atención hice un pequeño descanso sentado a la mesa, cargado de
recuerdos junto a la nota en blanco y la pluma de mi ausente amigo. Ajenos al
reloj, mis ojos se cerraron y, por momentos, caí en un inesperado sueño. Una
repentina ráfaga de aire me despertó sobresaltado.
Pronto aprecié un cambio.
Aquella página en blanco sobre la mesa era diferente, ahora tenía el color de
los años pasados. La tomé en las manos con suma delicadeza. Sobre el
amarillento papel, en tono más claro, se encontraba oculto un mensaje. Mi
desalentado corazón aceleró el paso, mis viejas lentes montaron en guardia para
descifrar el enigma de aquellas transparentes palabras: “Querido amigo Mark (el vello se me hizo
alambre), tenía la certeza que este momento llegaría, no con tanta premura para
no poder dejar en ti un atisbo de sosiego o, una explicación convincente por mi
repentina marcha. (Con respeto se forjó nuestra amistad, motivo este, para que
nunca profundizásemos en lo intimo y personal) Hace muchos años, muchos más que
en los que discurre una vida, yo era un pintor afamado. Mi obra era conocida y
expuesta en las más prestigiosas galerías de todo el mundo. En el circulo más
intimo se urdió una conspiración para acabar con mi vida y repartirse el botín;
mi legado. En la más miserable sombra, envenenaron el vino de mi copa y, una
muerte lenta y nublosa, fue apoderándose de mí. Antes que la traición en el
vino se llevase mi último aliento, imploré venganza a coste de cualquier
precio. De la espesa tiniebla surgió un hombre delgado, muy alto, vestido de
riguroso negro. Con manos ahuesadas y brillantes abrió su capa; de ella
apareció una paloma de plata. Se posó sobre la mesa y, de mi copa, bebió el
vino que quedaba, después, abrió las alas y por la ventana partió volando.
A pesar de la gélida
sensación de la muerte, recuerdo con claridad mi sepelio. Abrigado en la niebla
de mi inexistencia, los rostros de mis asesinos, todos estos años, han estado
en mí presentes.
Aquella paloma siguió
volando. Oculta entre los aparejos de un barco cruzó el inmenso océano. Llegó
hasta esta ciudad, a las puertas de una gran casa colonial, se transformó en un
desamparado muchacho y, los dueños de la casa, le acogieron como un regalo
llegado del cielo, como aquel hijo que tanto desearon y nunca tuvieron.
Siempre he tenido
conciencia de mi pasado. Esta mañana apareció repentinamente el hombre vestido
de negro en mi apartamento, ha venido a llevarme al otro lado del espejo, a
recorrer eternamente el subconsciente de los museos, a caminar sin rumbo el
misterio de los cuadros. Ha venido a recaudar el precio que convenimos. Apenas
me ha dejado un instante para pasar por la galería y dejarte una nota como
último deseo. La tinta de la pluma se ha secado; no obstante, tengo la certeza
que un día llegará a tus manos. Tan solo me resta decirte adiós, agradecerte
estos hermosos años de amistad que juntos hemos transitado. Eternamente tuyo,
Andrés”.
Las sirenas del inmenso
buque anuncian la llegada a puerto espantando a una multitud de gaviotas y
pájaros que posan los mástiles y aparejos del barco. Apoyado en la barandilla
de cubierta miro hacia atrás y, mi cansada mente, henchida de recuerdos se
diluye en el interminable océano. Por qué habré regresado, me pregunto, soy un
extraño en mi tierra. En esta añoranza que sienten los sin patria, una hermosa
paloma blanca me observa desde lo más alto; nos miramos y, un sentimiento
nuevo, nace en mí. Ya no me siento tan extraño.
Marcos Jimenez León
http://cmomentos.blogspot.com.es/
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29 julio 2010
SILENCIOSO A LA ORILLA

LOS LATIDOS JUGARON A SER MONITORES DE PUENTING
La palabra prefirió unas vacaciones en el Klimanjaro,
mientras mi faringe, le encargó a una agencia de viajes
que le diseñara unos días en un clima casi desértico.
Quería huir del mar, ni siquiera él, gabinete de sombras,
hubiera podido soportar un instante más el de la tuya.
Escogí el Sahara para que sus tormentas de arena
le taparan la boca a la extravagancia,
y que el deseo loco de antes de la deserción
quedara escondido entre los tesoros de la jaimas
y no pudieras acusarme de ser la culpable de tu olvido.
Ahora sólo queda poner en venta sus antiguos gestos.
Las muecas de la pena acabaron por desentonar en una casa,
donde se jugaba al escondite con las sonrisas
para hacerle un favor a ese rostro Art Déco
que había dejado de pertenecernos.
Las ganas se hicieron corredores de Formula Uno,
escogieron el intrincado circuito de tus ojos.
Equivocaron la dirección,
la renuncia no estaba acariciando la línea de meta
y bajo sus ruedas quedaron impresos,
como premio póstumo, los despojos de la prisa.
Los latidos jugaron a ser monitores de puenting.
Pero en cada salto, como nadadores sin estilo definido,
fuimos perdiendo poder bajo el abrazo del vértigo.
Y en la hora de ojos muy abiertos,
cuando la eternidad es reclamada por los orates,
la huella roja de tu ausencia
dejó bien escrito en el último vértice:
Sin ti, se me abortó la vida.
Marian Raméntol
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http://www.marianramentol.blogspot.com/
Poema perteneciente al libro "Hay un Area de descanso un poco más abajo de mi vientre". Ediciones Atenas. 2006. Portada realizada por Rosa Buck.
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18 abril 2010
Joseph Mallord William Turner En Madrid

También se adelanto a los acontecimientos de la Naturaleza. Espero su exposición con gran impaciencia.
WILLIAM TURNER Y EL AÑO SIN VERANO
En abril del año 1815, la erupción del Monte Tambora, en Indonesia, vertió a la atmósfera aproximadamente 100 kms. cúbicos de polvo, cenizas, y demás residuos en lo que fue la erupción volcánica más violenta de los tiempos modernos. Se cree que ésta fue la causa de que el año siguiente, 1816, fuese conocido como "El año sin verano", por la climatología extraordiariamente fría del mismo, y por las nieblas -causadas por la ceniza del volcán- que cubrieron gran parte del planeta. Muchos teóricos afirman que este fenómeno atmósferico inspiró muchas obras de Joseph Mallord WilliamTurner

El Monte Tambora, en Indonesia, con el espectacular cráter causado por la erupción (foto
En abril del año 1815, la erupción del Monte Tambora, en Indonesia, vertió a la atmósfera aproximadamente 100 kms. cúbicos de polvo, cenizas, y demás residuos en lo que fue la erupción volcánica más violenta de los tiempos modernos. Se cree que ésta fue la causa de que el año siguiente, 1816, fuese conocido como "El año sin verano", por la climatología extraordiariamente fría del mismo, y por las nieblas -causadas por la ceniza del volcán- que cubrieron gran parte del planeta. Muchos teóricos afirman que este fenómeno atmósferico inspiró muchas obras de Joseph Mallord WilliamTurner

El Monte Tambora, en Indonesia, con el espectacular cráter causado por la erupción (foto
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30 octubre 2009
LA DOUCE FRANCE
Lorsque je regarde les tableaux d'Andrés Rueda, je pense inévitablement à cette définition de Paul Eluard: "La terre est bleue comme une orange..."... Dans le monde d'Andrés, le bleu est mer(e) de toutes les couleurs et de toutes les lumières et ses tableaux ont cette rondeur et cette intensité que donne l'harmonie lorqu'elle est aboutie.
Françoise de Haene-Eleta
Las fotografias son de mi estancia en Francia , durante unos dias en este final de Octubre . me he llenado de Naturaleza para preparar mis proximos trabajos que seran expuestos en , San Sebastian, Castellon, Madrid etc..
Y con las luces del alba,
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre;
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada

Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes,
bajo la luz y la sombra
en los dibujos del aire

Y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondra a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza.

Voy buscando un lugar
Perdido en el mar
Donde pueda olvidar
Del mundo la maldad
La soledad quiero buscar
Para poder morir en paz
Miralos como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los railes
que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre
su parasita ambición.
Luis Eduardo Aute
Françoise de Haene-Eleta
Las fotografias son de mi estancia en Francia , durante unos dias en este final de Octubre . me he llenado de Naturaleza para preparar mis proximos trabajos que seran expuestos en , San Sebastian, Castellon, Madrid etc..
Y con las luces del alba,
antes que tu te despiertes
se hará ceniza el deseo
me marcharé para siempre;
y cuando todo se acabe
y se hagan polvo las hadas
no habré sabido por qué
me he vuelto loco por nada

Te seguiré hasta el final
te buscaré en todas partes,
bajo la luz y la sombra
en los dibujos del aire

Y ahora que ya no hay trincheras
el combate es la escalera
y el que trepe a lo mas alto
pondra a salvo su cabeza
aunque se hunda en el asfalto
la belleza.

Voy buscando un lugar
Perdido en el mar
Donde pueda olvidar
Del mundo la maldad
La soledad quiero buscar
Para poder morir en paz
Miralos como reptiles,
al acecho de la presa,
negociando en cada mesa
maquillajes de ocasión;
siguen todos los railes
que conduzcan a la cumbre
locos, porque nos deslumbre
su parasita ambición.
Luis Eduardo Aute
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01 octubre 2009
MOMENTOS DE AMOR , CON POEMAS DESESPERADOS
NO VOLVEREMOS A VAGAR...
Aunque la noche fue hecha para amar,
Y demasiado pronto vuelven los días.
Aún así no volveremos a vagar
A la luz de la luna
Lord Byron
Roza, suavemente, mis anhelos
Delinea, lentamente, el borde de mis sueños.
Cobija, tiernamente, la desnudez de mi alma...

AVE FENIX
Para comprenderse para amarse
Tienen hijos que serán padres de los hombres
Tienen hijos sin fuego ni lugar
Que inventarán de nuevo a los hombres
Y la naturaleza y su patria
La de todos los hombres
La de todos los tiempos
Paul Eluard

CANCION OTOÑAL
Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas,
pero mi senda se pierde
en el alma de la niebla.
La luz me troncha las alas
y el dolor de mi tristeza
va mojando los recuerdos
en la fuente de la idea.
Federico Garcia Lorca

TODO ERA AZUL
Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.
Miguel Hernandez
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