29 diciembre 2013

Una mística primavera






  • LA PARTIDA
  • Ella era una mujer de altos vuelos, el pasado todo hecho, brillantes huellas, el futuro, todo por construir.
    Él era un hombre que apuntaba al cielo, un día se cruzaron sus miradas, y ahí mismo dio su zarpazo el deseo.
    A fuego lento se cuecen los amantes en el horno de Afrodita, no entiende de prisas el amor.
    Entre palabras fue creciendo el misterio, ¿cómo serán sus besos? ¿de qué color ese lunar que esconde?
    Jinetes de pasión, corazones latiendo a ritmo de Piazzolla, juntos hicieron ciencia y poesía.
    Crecía la amistad y la cercanía, hasta que estuvieron tan cerca que sólo fue posible el beso a esa distancia.
    Un tropiezo y cayeron perdidos entre sábanas y fue como si siempre hubieran sabido dónde tenía el otro
    la llave de su goce, de tanto conversar conocían sus cuerpos desnudos sin nunca haberlos visto con los ojos.
    Después de recorrer extensas geografías, beberse dulces ríos de unos y otros labios, él pronunció su nombre como una letanía,
    y ella entregó su goce, porque sabía que entregar el goce es la única forma de tenerlo. Final de la partida: jaque mate a la moral.
    Hicieron tablas los amantes nuevos, porque sólo hay ganar en este juego. Siempre triunfan el amor y el deseo.
    Alejandra Menassa de Lucia.