19 agosto 2013

Llueven rosas



CANTIGAS
I Me ha florecido dentro tu mirada; eres toda hermosura y término de las cosas, y tu boca amo como día amanecido.
Tu sonrisa es esplendor bajo mis párpados;
pero yo abro mis ojos y, como palomica blanca, tu abres la boca y me los cierras nuevamente.
II Nuestros cuerpos se incendian cada vez más y más, y esta disolución amo y procuro.
¡Oh el tálamo florido, oh el amanecer luminoso!
III El trino del jilguero sobre la copa del naranjo no quiebra la serena opalescencia de mi melancolía.
El horizonte azul de la mirada son tus ojos transfigurados.
¡Ven a mí y libera una polilla en la ceniza inerte de mi espíritu!
IV Todos los irisados nácares del mar se han puesto a vibrar dentro de mi al recordar la luz blanca de tu piel, tus mariposas traslúcidas.
Al evocar, los días, tal las tórtolas, abren sus alas como resplandores.
¡Llegue a mí tu dulzura, oh rosa inmaculada, esencia de hermosura!
V El abejaruco, en las tonalidades de tu espalda, resplandece.
Siento las carencias de tu infancia, y te alzas desnuda en mis hontanares.
Invisible se hace el abejaruco en la alcoba donde dejo de ver, donde vibran en ti las ardientes alas desplegadas del Fénix.
VI Cuando no naufragan mis ansias en los fuegos de tu pasión se eleva en mí un salmo de dulzuras.
Si tu pasión me abrumase se haría en mí un ave de silencio.
¡Que no se venza una pasión a la otra¡ ¡crezca de nuestros cuerpos, unitivo, el lirio de las nieves¡
VII Han venido tus manos; están en la esperanza como palomas en las fuentes.
¡Haz que arda en mi costado el plácido turquesa de tus dedos, la telaraña roja de mis venas!
VIII Llueve, amor, y en el esmalte del trébol siento la embriaguez del diamante.
Bajo la hojarasca mojada mi sangre se disuelve como nieve.
¡Recógela en tus labios para que mi frialdad fenezca en lo mas recogido de tu cuerpo
con el sueño, la noche y el amor!
IX Da el nuevo día luces claras, amparos derramados, hace el desarrimo alejarse, transfigura a la clausura de los sotos umbríos.
El empujón que da el viento a la arboleda reabre la vida y su trasiego.
¿Y tú, por qué, por qué oscureces alma como noche, como dolor arrodillado en tu silencio?
PERFECTO HERRERA RAMOS Poemario: “El sauz de los desvelos”
http://perfectoherrera.blogspot.com.es