- LA PARTIDA
- Ella era una mujer de altos vuelos, el pasado todo hecho, brillantes huellas, el futuro, todo por construir.Él era un hombre que apuntaba al cielo, un día se cruzaron sus miradas, y ahí mismo dio su zarpazo el deseo.A fuego lento se cuecen los amantes en el horno de Afrodita, no entiende de prisas el amor.Entre palabras fue creciendo el misterio, ¿cómo serán sus besos? ¿de qué color ese lunar que esconde?Jinetes de pasión, corazones latiendo a ritmo de Piazzolla, juntos hicieron ciencia y poesía.Crecía la amistad y la cercanía, hasta que estuvieron tan cerca que sólo fue posible el beso a esa distancia.Un tropiezo y cayeron perdidos entre sábanas y fue como si siempre hubieran sabido dónde tenía el otrola llave de su goce, de tanto conversar conocían sus cuerpos desnudos sin nunca haberlos visto con los ojos.Después de recorrer extensas geografías, beberse dulces ríos de unos y otros labios, él pronunció su nombre como una letanía,y ella entregó su goce, porque sabía que entregar el goce es la única forma de tenerlo. Final de la partida: jaque mate a la moral.Hicieron tablas los amantes nuevos, porque sólo hay ganar en este juego. Siempre triunfan el amor y el deseo.Alejandra Menassa de Lucia.
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: La última de las libertades humanas-la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino- para decidir su propio camino". Viktor Frankl
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29 diciembre 2013
Una mística primavera
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28 junio 2013
Qué hago aquí
Qué hago aquí
No sé si el mundo ha mentido
Yo he mentido
Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor
Yo he conspirado contra el amor
El clima de tortura no constituye ningún consuelo
Yo he torturado
Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo
habría odiado
Escuchadme
Yo habría hecho las mismas cosas
aunque no existiera la muerte
Me niego a que se me sujete como a un borracho
bajo el frío grifo de los hechos
Yo rechazo la coartada universal
Como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese
No sé si el mundo ha mentido
Yo he mentido
Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor
Yo he conspirado contra el amor
El clima de tortura no constituye ningún consuelo
Yo he torturado
Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo
habría odiado
Escuchadme
Yo habría hecho las mismas cosas
aunque no existiera la muerte
Me niego a que se me sujete como a un borracho
bajo el frío grifo de los hechos
Yo rechazo la coartada universal
Como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese
Leonard Cohen
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30 marzo 2013
Se acabo en el 100 x 110
LA
GALERIA DE ARTE
Descolgué el abrigo de la
enorme percha y abandoné la lóbrega taberna, atrás, quedó un murmullo de
conversaciones, una sutil y espesa niebla de tabaco sobre el tosco techo de
madera. Al salir, el fuerte muelle aprisionó la puerta apagando completamente
el sonido interior.
En la torre, el corazón
de la campana con sus rítmicos latidos, acusó indiferente la media noche.
Emprendí el camino
solitario hasta mi casa, un recorrido corto, como otras noches, sin presencia de un alma.
Al pasar frente a la
vieja galería, aprecié un hilo diminuto de luz amarillenta escaparse fugaz
entre las pesadas hojas de la puerta. La curiosidad me pudo. La noche pareció
oscurecerse más y, el silencio reinante, se convirtió en un sonido muy fino, cristalino,
metálico.
La tenue fisura de luz
amarilla era una brillante llama; en su indeciso parpadeo, me llamaba entre
susurros. De repente, me vi allí, frente a la inmensa y centenaria puerta, con
las manos abiertas empujándola y adentrándome en el interior.
La vieja galería me
conocía como a un hijo adoptado.
No soy de esta ciudad,
cuando llegué a ella, ya empezaban a blanquear mis cabellos, mis ojos,
precisaban de unas lentes para separar las palabras cuando leía. Con el tiempo,
surgió una estrecha amistad con Andrés; conservador, cuidador, administrador,
en definitiva, dueño de esta casa colonial, herencia de sus antepasados y
transformada con delicadeza en galería de arte.
Sobresalientes artistas
han expuesto en sus salas, otros, nobeles y jóvenes promesas, han emprendido el
camino juntos, demostrando que en el arte existe algo más allá de lo material;
posiblemente, la sensibilidad y altruismo de quien lo regenta.
Mi conocimiento de la
casa era absoluto. Normalmente ayudaba a Andrés a descolgar los cuadros y
preparar las paredes entre exposición y exposición y, él, un entendido en la
materia, me explicaba las técnicas, los estilos, y hasta los defectos más
inapreciables de las pinturas que se mostraban. Un sótano bien aislado y, en
perfecto orden, almacenaba las obras que, en concepto de pago o comisión, la
mayoría de las veces le eran entregadas. Yo le ayudaba a protegerlas, y de
paso, descorchábamos alguna que otra botella de vino, dejando que el paladar y
la música de los lienzos, buscase la conversación adecuada.
Irrumpí en el espacioso
hall. La intensidad del alumbrado emitía apenas un haz de claridad. Los amplios
ventanales mostraban sus postigos entre abiertos, dejando pasar un resplandor
anaranjado. El sonido metálico del silencio se detuvo y una sensación de
inquietud imparable comenzó a alojarse en mi mente. Con sigilo y rapidez
ascendí las escaleras, presentía algo inesperado, terrible, pues, el dueño era
sumamente ordenado y nunca dejaría la galería abierta, a no ser por un motivo
demasiado importante.
Una tras otra recorrí las
salas ante la estoica mirada de todos los cuadros; incluso, aparté los gruesos
cortinajes de terciopelo que cubrían algunos rincones donde no se exponía. Bajé
las escaleras de frío mármol verificando la ausencia en las salas de algo
anormal. La puerta del sótano, entre-abierta, me hizo ascender con
apresuramiento. Rebusqué en todos los rincones sin hallar nada; los latidos de
mi corazón se escuchaban en el silencio como el repique de un tambor. Sobre la
mesa donde solíamos dejar que se disolviera el tiempo había una nota en blanco y
la vieja pluma de Andrés, en apariencia, dispuesta a escribir un mensaje.
Me senté un momento;
cerré los ojos intentando ordenar el desasosiego, mi memoria hacía y deshacía
el recorrido intentando encontrar alguna respuesta. Un soplo de aire hizo
presencia; el envoltorio de papel de los cuadros, al contacto con este
inesperado fluido vibró, ocasionando un sonido semejante a las hojas secas del
bosque cuando las pisa un leñador.
Abrí al instante los
ojos; ríos de espesa saliva aprisionaron mi garganta, un vaho azulado emergía
de mi boca; mi cuerpo entero se estremeció. Subí despacio las escaleras de madera,
al contacto con mi cuerpo, producían un extraño sonido, como si fuesen palabras
atrapadas en un eco lejano.
La tímida luz parecía
aferrarse a los cuadros. Mostraba otras formas, imágenes distintas a las que en
realidad expresaban. De nuevo recorrí las salas observando detenidamente las
pinturas. Había en ellas otros cuadros, secuencias superpuestas, diluidas
formas humanas, animales famélicos, esqueletos de pájaros, largas avenidas de
cipreses. Impresionado y a su vez atrapado en esta nueva visión, decidí apagar
las luces, cerrar los postigos de las ventanas y, de un fuerte impulso, cerrar
la puerta de la galería y esperar la quietud de un nuevo sol.
Aquella vigilia se hizo
interminable, desvelado y perplejo apenas descansé unas horas. Como todos los
días, de forma autómata, me dirigí al trabajo. Al pasar por la galería se
acentuaron las imágenes de la noche anterior; aquellas formas desconocidas que
aparecían en los cuadros cuando los observé por última vez. Mi trabajo
consistía en ordenar y seleccionar los libros de la colosal biblioteca de la
ciudad. Este día, como otros sucesivos, me centré en manuscritos antiguos
relacionados con el misterio y las desapariciones de personas. Ensimismado en
los pasajes más perplejos y en los casos sin resolver, el día pasó sin apenas
darme cuenta.
De regreso a casa, al
pasar por la galería todo estaba igual, cerrado y solitario. Anduve hasta el
apartamento de Andrés interesado e inquieto por su repentina ausencia. Está
situado en una margen del río, en este tiempo invernal apenas se aprecia el
agua, pues una incorpórea neblina lo esconde de los ojos de los viandantes; a
veces, la neblina asciende hasta la superficie dando la apariencia de una
alfombra de humo.
Insistí haciendo vibrar
el timbre, una y otra vez, hasta que un vecino debió escucharlo y bajó a ver
que sucedía. Este me comentó no haber visto a Andrés hacía ya unos días;
amablemente me abrió la puerta. Subí hasta su apartamento y con reiteración
pulsé el timbre interior hasta que este comenzó a sonar de forma defectuosa.
Después, llamé con las manos pronunciando su nombre; al final, me di por
vencido sin hallar respuesta. Algunos vecinos salieron de sus apartamentos al
escuchar el ruido que estaba provocando; ninguno de ellos había visto a mi
amigo y, por la conversación que entablamos, nada fuera de lo normal habían observado;
tan solo, uno de ellos me comentó, que el día anterior, un hombre muy delgado,
alto, vestido de negro, con larga capa y negro sombrero de ala ancha visitó a
Andrés; pero ya no le vio salir del apartamento ni tampoco había visto más a
Andrés ni al hombre misterioso.
Al día siguiente, en la
biblioteca, seguí buscando obsesionado en los libros antiguos alguna pista, sin
saber con precisión, qué estaba buscando. Ya por la tarde, al terminar la
jornada, denuncié en la Gendarmería la repentina desaparición de mi amigo.
De vez en cuando, volvía
al despacho del investigador que llevaba el caso y nunca hallaba respuesta.
Indagué por mi cuenta rastreando a sus parientes; pero cuando parecía
aproximarme, se perdía la señal, como la de mi vieja radio cuando sintonizaba
con mi tierra. Los años se hicieron largos, vacíos, amontonados de preguntas
sin respuesta. Mi trabajo en la biblioteca concluyó y con ello mi estancia en
este húmedo país. Coincidió que en estos días levantaron el precinto de la
galería. Regresaron a mi todas las sensaciones y, arrastrado por un soplo casi
humano, me encontré de repente en aquel hall que, de un modo u otro, marcó todos
estos años de mi vida.
Tan solo había dos
personas en el interior; un hombre de estatura media, vestido con traje oscuro
y portador de un deslustrado bombín, le acompañaba una señora delgada, con
carpeta en mano y un modesto sombrerito verde de paño; vestimenta esta, típica
de las secretarias de juzgado. Enseguida me presenté y les hice partícipes de
mi presencia en el lugar. Amablemente autorizaron mi visita, permitiéndome
recorrer la galería libremente.
El polvo apenas hacía
presencia; después de tantos años, el lugar aparentaba estar encantado: el
mismo orden, la limpieza, la luminosidad, todo permanecía igual que aquella
noche de ausencias, cuando de un portazo, se cerraron largos años de amistad.
Emprendí el recorrido a
la inversa de cómo lo hiciera la última vez. Con cierto sigilo, descendí la
escalera con la torpeza de la edad, con mayor prudencia. Crujieron los peldaños
de madera, mientras, mis ojos recorrían los rincones y estantes donde ya-cían
los cuadros perfectamente ordenados.
Después de observarlo
todo con atención hice un pequeño descanso sentado a la mesa, cargado de
recuerdos junto a la nota en blanco y la pluma de mi ausente amigo. Ajenos al
reloj, mis ojos se cerraron y, por momentos, caí en un inesperado sueño. Una
repentina ráfaga de aire me despertó sobresaltado.
Pronto aprecié un cambio.
Aquella página en blanco sobre la mesa era diferente, ahora tenía el color de
los años pasados. La tomé en las manos con suma delicadeza. Sobre el
amarillento papel, en tono más claro, se encontraba oculto un mensaje. Mi
desalentado corazón aceleró el paso, mis viejas lentes montaron en guardia para
descifrar el enigma de aquellas transparentes palabras: “Querido amigo Mark (el vello se me hizo
alambre), tenía la certeza que este momento llegaría, no con tanta premura para
no poder dejar en ti un atisbo de sosiego o, una explicación convincente por mi
repentina marcha. (Con respeto se forjó nuestra amistad, motivo este, para que
nunca profundizásemos en lo intimo y personal) Hace muchos años, muchos más que
en los que discurre una vida, yo era un pintor afamado. Mi obra era conocida y
expuesta en las más prestigiosas galerías de todo el mundo. En el circulo más
intimo se urdió una conspiración para acabar con mi vida y repartirse el botín;
mi legado. En la más miserable sombra, envenenaron el vino de mi copa y, una
muerte lenta y nublosa, fue apoderándose de mí. Antes que la traición en el
vino se llevase mi último aliento, imploré venganza a coste de cualquier
precio. De la espesa tiniebla surgió un hombre delgado, muy alto, vestido de
riguroso negro. Con manos ahuesadas y brillantes abrió su capa; de ella
apareció una paloma de plata. Se posó sobre la mesa y, de mi copa, bebió el
vino que quedaba, después, abrió las alas y por la ventana partió volando.
A pesar de la gélida
sensación de la muerte, recuerdo con claridad mi sepelio. Abrigado en la niebla
de mi inexistencia, los rostros de mis asesinos, todos estos años, han estado
en mí presentes.
Aquella paloma siguió
volando. Oculta entre los aparejos de un barco cruzó el inmenso océano. Llegó
hasta esta ciudad, a las puertas de una gran casa colonial, se transformó en un
desamparado muchacho y, los dueños de la casa, le acogieron como un regalo
llegado del cielo, como aquel hijo que tanto desearon y nunca tuvieron.
Siempre he tenido
conciencia de mi pasado. Esta mañana apareció repentinamente el hombre vestido
de negro en mi apartamento, ha venido a llevarme al otro lado del espejo, a
recorrer eternamente el subconsciente de los museos, a caminar sin rumbo el
misterio de los cuadros. Ha venido a recaudar el precio que convenimos. Apenas
me ha dejado un instante para pasar por la galería y dejarte una nota como
último deseo. La tinta de la pluma se ha secado; no obstante, tengo la certeza
que un día llegará a tus manos. Tan solo me resta decirte adiós, agradecerte
estos hermosos años de amistad que juntos hemos transitado. Eternamente tuyo,
Andrés”.
Las sirenas del inmenso
buque anuncian la llegada a puerto espantando a una multitud de gaviotas y
pájaros que posan los mástiles y aparejos del barco. Apoyado en la barandilla
de cubierta miro hacia atrás y, mi cansada mente, henchida de recuerdos se
diluye en el interminable océano. Por qué habré regresado, me pregunto, soy un
extraño en mi tierra. En esta añoranza que sienten los sin patria, una hermosa
paloma blanca me observa desde lo más alto; nos miramos y, un sentimiento
nuevo, nace en mí. Ya no me siento tan extraño.
Marcos Jimenez León
http://cmomentos.blogspot.com.es/
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11 enero 2013
Ingravido
iIngravido
Manos:
Extensión de mi
cerebro que
te pellizca los labios y
las piernas,
los sueños y
las pestañas
(y que te levantan
del sofá para
que bailes conmigo
mientras tú te ríes
a carcajadas).
Manos:
río por el que
resbalan mis venas
hasta convertirse
en versos y
en círculos,
en masa de pan y
en uñas
(esas que te arañan
la razón y
la espalda).
Manos:
tráfico de tendones
que recorren
tu autovía de
sudor y piel,
que te viajan sin
freno desde los
pezones hasta
los pies
(y que me
circulan agonizante
por mi deseo
cuando tú
no estás
a mi lado)
Yolanda Saenz Tejada
YVazquezdemimadre
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22 diciembre 2012
Autorretrato sobre la nieve
Pinto con alegría, con la misma alegría que usted hace el amor con una mujer.
Auguste Renoir
Auguste Renoir
Más allá de Orión
dormiré a la sombra del roble
que alcanzó infinitos arco iris.
Hablaré los idiomas del agua
cuando golpea las piedras,
bailaré al son de sus reflejos
y el aire se disfrazará de azahar,
levitara en su esencia mi duende
Más allá de Orión.
Mayte Freire
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05 diciembre 2012
No está solo
El espíritu creador no pregunta: sabe
Salvador de Madariaga
Anima-loto
Cristalli di sole
voli di libellule multicolori
sentore d’anice…
Sui viali di foglie,
a pelo d’acqua,
petali di nelumbo.
Splendi anima-loto
dal fango delle umiliazioni,
illumini, invisibile lanterna,
lo specchio stagnante
da cui ho preso vita.
Rischiari gli angoli bui
della coscienza addormentata.
Fioriscono i petali in ali.
Anch’io, ora, son libellula in volo.
(Valentina Meloni)
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13 mayo 2012
Como el rio

Como el río
Como el río
que se desliza mansamente
por su cauce,
así nuestra vida
va marcando surcos
a medida que avanzamos.
Vida vivida
de claros y oscuros.
Veredas de inmensos
y maravillosos colores
donde el alma se solaza,
y donde podemos alcanzar
el cielo con las manos.
Sueños en azules
y dorados,
donde nos sumergimos
en cálidas aguas
y unidos en un gran abrazo
renacemos
con un grito de esperanza,
donde todos nuestros deseos
nos han sido regalados.
O como en el jardín del Edén
donde las lágrimas fueron derramadas
por castigo divino,
y como sauces nos acercamos
al cauce de los ríos
para saciar nuestra sed milenaria.
Aguas mansas y dulces
y otras…
turbulentas y amargas.
Así es el ciclo de la vida.
Navegar nuestro propio cauce
hasta llegar a las aguas saladas
de un placido mar
que nos acogerá dulcemente
en su eterno regazo,
siempre,
entre azules y dorados.
Isabel Miralles
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11 mayo 2012
Florece al atardecer

si tuviera tu boca
sobre mi espalda
tus besos
para desvanecer el frío
tu semen derramado en tinta oscura
si tu lengua tuviera
y tus atardeceres rojos
y tu voz
para gritar la esencia
y si alguien me cantara
desde lejos
las canciones de amor que tú decías
y nunca fuera abril
y nunca fuera.
Paloma Corrales
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01 enero 2012
La despedida
la despedida 140 x 140Ayer
Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente
ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente
ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche
fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.
Mario Benedetti
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19 diciembre 2011
Maria
Maria160 x 70 acrilico mixto con pan de oro.
http://www.andresrueda.com
ES VERDAD
¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.
¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?
¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
Federico García Lorca
¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.
¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?
¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!
Federico García Lorca
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10 octubre 2011
Capitulo final, Flores sin mal.
Maria José 60 x 80Perteneciente a la colección de la muestra en
Galeria Laura Márquez , Madrid
SIN PIEDAD
Dagas los ojos.
Traición los labios.
Turbios espejos las manos.
Flores grises de un tiempo pasado.
Azahar los senos.
Piernas de alabastro.
Misterioso volcán.
Arco iris de trapo.
Marcos Jimenez León
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08 octubre 2011
Jesús Amaya y el duende
Pedro , Jesús y yo
portada del libro, Todos mis nombres son aire.
Si pudiera ver tu rostro,
decir que te amo,
calmar la angustia
en cada atardecer.
Si pudiera no desvelar tu presencia
por todos los 54 años trances del ensueño,
que es ser solo
como una existencia sin ancla
de quien hizo de la pasión
un árbol amarillo sin nombre.
Si pudiera tapiar mis tristezas,
su vacio, su memoria;
decir que no fuimos esa música,
desnudar el incendio de otras noches
de presencias en cualquier ciudad dormida,
tejer otra piel para tu cuerpo,
ignorar mi dolor que flagela
mi voz de luz enternecida,
exigiendo un mar de olvido.
Si pudiera nacer en ti,
decir que te amo,
prender en los espejos
tu presencia sembrando todos mis pasos,
si pudiera…
Si pudiera romper este silencio
crecido yermo de plenitudes,
hecho en insondables ayes
de sus gritos en esperanza huidos…
(Mi amor por ti sangra ausencias,
Nunca será fuego en otro pecho)

del poeta Jesús Amaya , presentado ayer en Granada
Si pudiera ver tu rostro,
decir que te amo,
calmar la angustia
en cada atardecer.
Si pudiera no desvelar tu presencia
por todos los 54 años trances del ensueño,
que es ser solo
como una existencia sin ancla
de quien hizo de la pasión
un árbol amarillo sin nombre.
Si pudiera tapiar mis tristezas,
su vacio, su memoria;
decir que no fuimos esa música,
desnudar el incendio de otras noches
de presencias en cualquier ciudad dormida,
tejer otra piel para tu cuerpo,
ignorar mi dolor que flagela
mi voz de luz enternecida,
exigiendo un mar de olvido.
Si pudiera nacer en ti,
decir que te amo,
prender en los espejos
tu presencia sembrando todos mis pasos,
si pudiera…
Si pudiera romper este silencio
crecido yermo de plenitudes,
hecho en insondables ayes
de sus gritos en esperanza huidos…
(Mi amor por ti sangra ausencias,
Nunca será fuego en otro pecho)

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26 septiembre 2011
Flores sin mal VI
Marian Gardi 100 x 50La música del Amor
Te llaman Amor y sólo brillantes
son tus manos.
Estrellas que resplandecen, semblante.
Áureo cabello de lino fino.
Te llaman Amor y no tienes nombre.
Invisible caminas y sólo tú te conoces.
La mirada danzarina vuela entre el rumor
del eco de las olas y hace vibrar el tímpano
en la pompa de cristal dorado e ígneo.
Sólo tú en mí y yo en ti abrazados
y proyectados hacia el infinito.
Te llaman Amor el gran desconocido...
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o. renoir
17 septiembre 2011
RÁVENA
Buscar la forma más enérgica de color posible, el contenido carece de importancia
Poco a poco he descubierto el secreto de mi arte. Se trata de la meditación sobre la naturaleza, en la expresión de un sueño que siempre está inspirado en al realidad.
Henri Matisse

Danza de agua en la tarde 140 x 140
Mayte
http://maytedalianegra.blogspot.com
Poco a poco he descubierto el secreto de mi arte. Se trata de la meditación sobre la naturaleza, en la expresión de un sueño que siempre está inspirado en al realidad.
Henri Matisse

Danza de agua en la tarde 140 x 140
RÁVENA.
Rávena, cristalina filigrana
de vidrio antiguo tejida
en la tesela del tiempo.
Crisálida hídrica
enriquecida de oros,
de transparencias colmada,
acuoso mosaico
ora verde, ora azul, ora rojo,
diáfana bóveda bizantina,
paloma de paz ahíta.
Rávena, áurea y vítrea.
Rávena, cristalina filigrana
de vidrio antiguo tejida
en la tesela del tiempo.
Crisálida hídrica
enriquecida de oros,
de transparencias colmada,
acuoso mosaico
ora verde, ora azul, ora rojo,
diáfana bóveda bizantina,
paloma de paz ahíta.
Rávena, áurea y vítrea.
Mayte
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30 agosto 2011
No espero mas que un Otoño
La luz de la montaña alegra la naturaleza de los pájaros,
las sombras de la laguna vacían el corazón de los hombres.
No espero mas que un Otoño 75 x 87
La mente del hombre busca hacia afuera todo el día.
Cuanto más lejos llega,
tanto más se opone a sí misma.
Sólo aquellos que miran hacia adentro,
pueden censurar sus pasiones,
y cesar sus pensamientos.
Pudiendo cesar sus pensamientos,
sus mentes devienen tranquilas.
Tranquilizar la mente es nutrir el espíritu de uno.
nutrir el espíritu es retornar a la Naturaleza.
POEMAS CHINOS
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04 agosto 2011
QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN
Flores de ilusion 70 x 80¡QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN!
¡Qué tristeza de olor de jazmín! El verano
torna a encender las calles y a oscurecer las casas,
y, en las noches, regueros descendidos de estrellas
pesan sobre los ojos cargados de nostalgia.
En los balcones, a las altas horas, siguen
blancas mujeres mudas, que parecen fantasmas;
el río manda, a veces, una cansada brisa,
el ocaso, una música imposible y romántica.
La penumbra reluce de suspiros; el mundo
se viene, en un olvido mágico, a flor de alma;
y se cogen libélulas con las manos caídas,
y, entre constelaciones, la alta luna se estanca.
¡Qué tristeza de olor de jazmín! Los pianos
están abiertos; hay en todas partes miradas
calientes... Por el fondo de cada sombra azul,
se esfuma una visión apasionada y lánguida.
Juan Ramón Jiménez
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02 agosto 2011
Sonora seda de agua

YO NO SOY YO
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.
Juan Ramón Jiménez
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otoño. juan ramon jimenez
29 julio 2011
Flores sin mal IV
Petite Lucie 60 x 48Sera expuesto en Octubre, en Galeria Laura Márquez ,Madrid.
Agua de vida
¡Quiero agua…!
Agua cristalina para beber sin pudor…
Agua para respirarla y amar en libertad…
Agua para bañarme en esencia…
Agua… donde no exista el tiempo…
Agua para mirar y no ver vidas paralelas…
Agua para navegar por mi cauce…
Agua para recorrer caminos de la mano…
Agua para poder ofrecerme por entero…
Agua para obtener oportunidad
de saciar mi sed…
¡Agua!
mi amigo…
¡Quiero agua…!
Agua cristalina para beber sin pudor…
Agua para respirarla y amar en libertad…
Agua para bañarme en esencia…
Agua… donde no exista el tiempo…
Agua para mirar y no ver vidas paralelas…
Agua para navegar por mi cauce…
Agua para recorrer caminos de la mano…
Agua para poder ofrecerme por entero…
Agua para obtener oportunidad
de saciar mi sed…
¡Agua!
mi amigo…
Laura Márquez
http://www.lauramarquez.es
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09 mayo 2011
Flores sin mal
El primer retrato, de una serie que se expondrán, en la Galería Laura Márquez.
Octubre 2011 Madrid
Retrato de Laura Márquez 80 x 60La moda se pasa de moda, el estilo jamás.
Gabrielle Coco Chanel
He cometido el peor de los pecados, quise ser feliz.
Un aroma.
Cierro los ojos, y entre los colores de mi sueño surge la evocación de una mujer.
Esa mujer que se confunde entre las brumas del recuerdo...
Y una flor.
¿O es ese búcaro que recoge en una gavilla florida todos los sentimientos que ofrece una sensación?
Andrés, lo ha conseguido de nuevo.
Ha conseguido que la belleza natural de las flores se refleje en el sentimiento entrevisto que nos produce la presencia de un ramo de flores.
La Femme. Toujour la femme… ¡Et les Fleures!
Nuestras mujeres… Nuestras flores…
Fundidas y confundidas en la femineidad sin feminismo. En la sensualidad sin erotismo. En la belleza velada a nuestra vista para provocar nuestra imaginación.
Las flores, como objetos bellos.
La mujer, como objetivo de belleza.
Reflejo unas de las otras.
Complementadas en nuestra mente y complementos de nuestro Ser.
¿Quién podría imaginar su existencia sin la esencia de una mujer o el aroma de una flor?
Desde luego, Andrés Rueda no.
No hay más que recorrer su extensa obra para ver en sus colores el reflejo de la luz que las flores y las mujeres, las mujeres y las flores han representado en cada momento de su vida.
Ahora, ha llegado el momento de dejar fluir esos sentimientos que afloran con el embrujo de su entorno, donde, las flores y las mujeres, las mujeres y las flores tienen una personalidad que se hace patente a través de sus trazos. Unas veces etéreos, otras contundentes para ser la expresión de su alma atormentada por la belleza.
Mujeres y búcaros. Flores y retratos. Rotundos o insinuados.
Así es el alma de Rueda.
En femenino.
Miguel Ángel Júdez Antón.
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29 abril 2011
El sentido de la vida
GatitoHay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que carece de sentido.
Henry Miller


Retrato de mujer
Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.
Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.
Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.
No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.
Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.
Gonzalo Rojas
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