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29 diciembre 2013

Una mística primavera






  • LA PARTIDA
  • Ella era una mujer de altos vuelos, el pasado todo hecho, brillantes huellas, el futuro, todo por construir.
    Él era un hombre que apuntaba al cielo, un día se cruzaron sus miradas, y ahí mismo dio su zarpazo el deseo.
    A fuego lento se cuecen los amantes en el horno de Afrodita, no entiende de prisas el amor.
    Entre palabras fue creciendo el misterio, ¿cómo serán sus besos? ¿de qué color ese lunar que esconde?
    Jinetes de pasión, corazones latiendo a ritmo de Piazzolla, juntos hicieron ciencia y poesía.
    Crecía la amistad y la cercanía, hasta que estuvieron tan cerca que sólo fue posible el beso a esa distancia.
    Un tropiezo y cayeron perdidos entre sábanas y fue como si siempre hubieran sabido dónde tenía el otro
    la llave de su goce, de tanto conversar conocían sus cuerpos desnudos sin nunca haberlos visto con los ojos.
    Después de recorrer extensas geografías, beberse dulces ríos de unos y otros labios, él pronunció su nombre como una letanía,
    y ella entregó su goce, porque sabía que entregar el goce es la única forma de tenerlo. Final de la partida: jaque mate a la moral.
    Hicieron tablas los amantes nuevos, porque sólo hay ganar en este juego. Siempre triunfan el amor y el deseo.
    Alejandra Menassa de Lucia.

28 junio 2013

Qué hago aquí



Qué hago aquí

No sé si el mundo ha mentido
Yo he mentido
Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor
Yo he conspirado contra el amor
El clima de tortura no constituye ningún consuelo
Yo he torturado
Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo
habría odiado
Escuchadme
Yo habría hecho las mismas cosas
aunque no existiera la muerte
Me niego a que se me sujete como a un borracho
bajo el frío grifo de los hechos
Yo rechazo la coartada universal
Como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese

 Leonard Cohen

30 marzo 2013


Se acabo en el 100 x 110


LA GALERIA DE ARTE   
Descolgué el abrigo de la enorme percha y abandoné la lóbrega taberna, atrás, quedó un murmullo de conversaciones, una sutil y espesa niebla de tabaco sobre el tosco techo de madera. Al salir, el fuerte muelle aprisionó la puerta apagando completamente el sonido interior.
En la torre, el corazón de la campana con sus rítmicos latidos, acusó indiferente la media noche.
Emprendí el camino solitario hasta mi casa, un recorrido corto, como otras noches, sin  presencia de un alma.
Al pasar frente a la vieja galería, aprecié un hilo diminuto de luz amarillenta escaparse fugaz entre las pesadas hojas de la puerta. La curiosidad me pudo. La noche pareció oscurecerse más y, el silencio reinante, se convirtió en un sonido muy fino, cristalino, metálico.
La tenue fisura de luz amarilla era una brillante llama; en su indeciso parpadeo, me llamaba entre susurros. De repente, me vi allí, frente a la inmensa y centenaria puerta, con las manos abiertas empujándola y adentrándome en el interior.
La vieja galería me conocía como a un hijo adoptado.
No soy de esta ciudad, cuando llegué a ella, ya empezaban a blanquear mis cabellos, mis ojos, precisaban de unas lentes para separar las palabras cuando leía. Con el tiempo, surgió una estrecha amistad con Andrés; conservador, cuidador, administrador, en definitiva, dueño de esta casa colonial, herencia de sus antepasados y transformada con delicadeza en galería de arte.
Sobresalientes artistas han expuesto en sus salas, otros, nobeles y jóvenes promesas, han emprendido el camino juntos, demostrando que en el arte existe algo más allá de lo material; posiblemente, la sensibilidad y altruismo de quien lo regenta.
Mi conocimiento de la casa era absoluto. Normalmente ayudaba a Andrés a descolgar los cuadros y preparar las paredes entre exposición y exposición y, él, un entendido en la materia, me explicaba las técnicas, los estilos, y hasta los defectos más inapreciables de las pinturas que se mostraban. Un sótano bien aislado y, en perfecto orden, almacenaba las obras que, en concepto de pago o comisión, la mayoría de las veces le eran entregadas. Yo le ayudaba a protegerlas, y de paso, descorchábamos alguna que otra botella de vino, dejando que el paladar y la música de los lienzos, buscase la conversación adecuada.
Irrumpí en el espacioso hall. La intensidad del alumbrado emitía apenas un haz de claridad. Los amplios ventanales mostraban sus postigos entre abiertos, dejando pasar un resplandor anaranjado. El sonido metálico del silencio se detuvo y una sensación de inquietud imparable comenzó a alojarse en mi mente. Con sigilo y rapidez ascendí las escaleras, presentía algo inesperado, terrible, pues, el dueño era sumamente ordenado y nunca dejaría la galería abierta, a no ser por un motivo demasiado importante.
Una tras otra recorrí las salas ante la estoica mirada de todos los cuadros; incluso, aparté los gruesos cortinajes de terciopelo que cubrían algunos rincones donde no se exponía. Bajé las escaleras de frío mármol verificando la ausencia en las salas de algo anormal. La puerta del sótano, entre-abierta, me hizo ascender con apresuramiento. Rebusqué en todos los rincones sin hallar nada; los latidos de mi corazón se escuchaban en el silencio como el repique de un tambor. Sobre la mesa donde solíamos dejar que se disolviera el tiempo había una nota en blanco y la vieja pluma de Andrés, en apariencia, dispuesta a escribir un mensaje.                                         
Me senté un momento; cerré los ojos intentando ordenar el desasosiego, mi memoria hacía y deshacía el recorrido intentando encontrar alguna respuesta. Un soplo de aire hizo presencia; el envoltorio de papel de los cuadros, al contacto con este inesperado fluido vibró, ocasionando un sonido semejante a las hojas secas del bosque cuando las pisa un leñador.
Abrí al instante los ojos; ríos de espesa saliva aprisionaron mi garganta, un vaho azulado emergía de mi boca; mi cuerpo entero se estremeció. Subí despacio las escaleras de madera, al contacto con mi cuerpo, producían un extraño sonido, como si fuesen palabras atrapadas en un eco lejano.
La tímida luz parecía aferrarse a los cuadros. Mostraba otras formas, imágenes distintas a las que en realidad expresaban. De nuevo recorrí las salas observando detenidamente las pinturas. Había en ellas otros cuadros, secuencias superpuestas, diluidas formas humanas, animales famélicos, esqueletos de pájaros, largas avenidas de cipreses. Impresionado y a su vez atrapado en esta nueva visión, decidí apagar las luces, cerrar los postigos de las ventanas y, de un fuerte impulso, cerrar la puerta de la galería y esperar la quietud de un nuevo sol.
Aquella vigilia se hizo interminable, desvelado y perplejo apenas descansé unas horas. Como todos los días, de forma autómata, me dirigí al trabajo. Al pasar por la galería se acentuaron las imágenes de la noche anterior; aquellas formas desconocidas que aparecían en los cuadros cuando los observé por última vez. Mi trabajo consistía en ordenar y seleccionar los libros de la colosal biblioteca de la ciudad. Este día, como otros sucesivos, me centré en manuscritos antiguos relacionados con el misterio y las desapariciones de personas. Ensimismado en los pasajes más perplejos y en los casos sin resolver, el día pasó sin apenas darme cuenta.
De regreso a casa, al pasar por la galería todo estaba igual, cerrado y solitario. Anduve hasta el apartamento de Andrés interesado e inquieto por su repentina ausencia. Está situado en una margen del río, en este tiempo invernal apenas se aprecia el agua, pues una incorpórea neblina lo esconde de los ojos de los viandantes; a veces, la neblina asciende hasta la superficie dando la apariencia de una alfombra de humo.
Insistí haciendo vibrar el timbre, una y otra vez, hasta que un vecino debió escucharlo y bajó a ver que sucedía. Este me comentó no haber visto a Andrés hacía ya unos días; amablemente me abrió la puerta. Subí hasta su apartamento y con reiteración pulsé el timbre interior hasta que este comenzó a sonar de forma defectuosa. Después, llamé con las manos pronunciando su nombre; al final, me di por vencido sin hallar respuesta. Algunos vecinos salieron de sus apartamentos al escuchar el ruido que estaba provocando; ninguno de ellos había visto a mi amigo y, por la conversación que entablamos, nada fuera de lo normal habían observado; tan solo, uno de ellos me comentó, que el día anterior, un hombre muy delgado, alto, vestido de negro, con larga capa y negro sombrero de ala ancha visitó a Andrés; pero ya no le vio salir del apartamento ni tampoco había visto más a Andrés ni al hombre misterioso.
Al día siguiente, en la biblioteca, seguí buscando obsesionado en los libros antiguos alguna pista, sin saber con precisión, qué estaba buscando. Ya por la tarde, al terminar la jornada, denuncié en la Gendarmería la repentina desaparición de mi amigo.
De vez en cuando, volvía al despacho del investigador que llevaba el caso y nunca hallaba respuesta. Indagué por mi cuenta rastreando a sus parientes; pero cuando parecía aproximarme, se perdía la señal, como la de mi vieja radio cuando sintonizaba con mi tierra. Los años se hicieron largos, vacíos, amontonados de preguntas sin respuesta. Mi trabajo en la biblioteca concluyó y con ello mi estancia en este húmedo país. Coincidió que en estos días levantaron el precinto de la galería. Regresaron a mi todas las sensaciones y, arrastrado por un soplo casi humano, me encontré de repente en aquel hall que, de un modo u otro, marcó todos estos años de mi vida.
Tan solo había dos personas en el interior; un hombre de estatura media, vestido con traje oscuro y portador de un deslustrado bombín, le acompañaba una señora delgada, con carpeta en mano y un modesto sombrerito verde de paño; vestimenta esta, típica de las secretarias de juzgado. Enseguida me presenté y les hice partícipes de mi presencia en el lugar. Amablemente autorizaron mi visita, permitiéndome recorrer la galería libremente.
El polvo apenas hacía presencia; después de tantos años, el lugar aparentaba estar encantado: el mismo orden, la limpieza, la luminosidad, todo permanecía igual que aquella noche de ausencias, cuando de un portazo, se cerraron largos años de amistad.
Emprendí el recorrido a la inversa de cómo lo hiciera la última vez. Con cierto sigilo, descendí la escalera con la torpeza de la edad, con mayor prudencia. Crujieron los peldaños de madera, mientras, mis ojos recorrían los rincones y estantes donde ya-cían los cuadros perfectamente ordenados.
Después de observarlo todo con atención hice un pequeño descanso sentado a la mesa, cargado de recuerdos junto a la nota en blanco y la pluma de mi ausente amigo. Ajenos al reloj, mis ojos se cerraron y, por momentos, caí en un inesperado sueño. Una repentina ráfaga de aire me despertó sobresaltado.
Pronto aprecié un cambio. Aquella página en blanco sobre la mesa era diferente, ahora tenía el color de los años pasados. La tomé en las manos con suma delicadeza. Sobre el amarillento papel, en tono más claro, se encontraba oculto un mensaje. Mi desalentado corazón aceleró el paso, mis viejas lentes montaron en guardia para descifrar el enigma de aquellas transparentes palabras:      “Querido amigo Mark (el vello se me hizo alambre), tenía la certeza que este momento llegaría, no con tanta premura para no poder dejar en ti un atisbo de sosiego o, una explicación convincente por mi repentina marcha. (Con respeto se forjó nuestra amistad, motivo este, para que nunca profundizásemos en lo intimo y personal) Hace muchos años, muchos más que en los que discurre una vida, yo era un pintor afamado. Mi obra era conocida y expuesta en las más prestigiosas galerías de todo el mundo. En el circulo más intimo se urdió una conspiración para acabar con mi vida y repartirse el botín; mi legado. En la más miserable sombra, envenenaron el vino de mi copa y, una muerte lenta y nublosa, fue apoderándose de mí. Antes que la traición en el vino se llevase mi último aliento, imploré venganza a coste de cualquier precio. De la espesa tiniebla surgió un hombre delgado, muy alto, vestido de riguroso negro. Con manos ahuesadas y brillantes abrió su capa; de ella apareció una paloma de plata. Se posó sobre la mesa y, de mi copa, bebió el vino que quedaba, después, abrió las alas y por la ventana partió volando.
A pesar de la gélida sensación de la muerte, recuerdo con claridad mi sepelio. Abrigado en la niebla de mi inexistencia, los rostros de mis asesinos, todos estos años, han estado en mí presentes.
Aquella paloma siguió volando. Oculta entre los aparejos de un barco cruzó el inmenso océano. Llegó hasta esta ciudad, a las puertas de una gran casa colonial, se transformó en un desamparado muchacho y, los dueños de la casa, le acogieron como un regalo llegado del cielo, como aquel hijo que tanto desearon y nunca tuvieron.
Siempre he tenido conciencia de mi pasado. Esta mañana apareció repentinamente el hombre vestido de negro en mi apartamento, ha venido a llevarme al otro lado del espejo, a recorrer eternamente el subconsciente de los museos, a caminar sin rumbo el misterio de los cuadros. Ha venido a recaudar el precio que convenimos. Apenas me ha dejado un instante para pasar por la galería y dejarte una nota como último deseo. La tinta de la pluma se ha secado; no obstante, tengo la certeza que un día llegará a tus manos. Tan solo me resta decirte adiós, agradecerte estos hermosos años de amistad que juntos hemos transitado. Eternamente tuyo, Andrés”.
Las sirenas del inmenso buque anuncian la llegada a puerto espantando a una multitud de gaviotas y pájaros que posan los mástiles y aparejos del barco. Apoyado en la barandilla de cubierta miro hacia atrás y, mi cansada mente, henchida de recuerdos se diluye en el interminable océano. Por qué habré regresado, me pregunto, soy un extraño en mi tierra. En esta añoranza que sienten los sin patria, una hermosa paloma blanca me observa desde lo más alto; nos miramos y, un sentimiento nuevo, nace en mí. Ya no me siento tan extraño.  

Marcos Jimenez León

http://cmomentos.blogspot.com.es/

11 enero 2013

Ingravido

iIngravido



Manos:
Extensión de mi
cerebro que
te pellizca los labios y
las piernas,
los sueños y
las pestañas
(y que te levantan
del sofá para
que bailes conmigo
mientras tú te ríes
a carcajadas).

Manos:
río por el que
resbalan mis venas
hasta convertirse
en versos y
en círculos,
en masa de pan y
en uñas
(esas que te arañan
la razón y
la espalda).

Manos:
tráfico de tendones
que recorren
tu autovía de
sudor y piel,
que te viajan sin
freno desde los
pezones hasta  
los pies
 (y que me
circulan agonizante
por mi deseo
cuando tú
no estás
a mi lado)



           Yolanda Saenz Tejada 

            YVazquezdemimadre





22 diciembre 2012

Autorretrato sobre la nieve

Pinto con alegría, con la misma alegría que usted hace el amor con una mujer.
Auguste Renoir


Más allá de Orión

dormiré a la sombra del roble

que alcanzó infinitos arco iris.

Hablaré los idiomas del agua

cuando golpea las piedras,

bailaré al son de sus reflejos

y el aire se disfrazará de azahar,

levitara en su esencia mi duende

Más allá de Orión.


Mayte Freire


05 diciembre 2012

No está solo

El espíritu creador no pregunta: sabe  

Salvador de Madariaga


Anima-loto



Cristalli di sole

voli di libellule multicolori

sentore d’anice…

Sui viali di foglie,

a pelo d’acqua,

petali di nelumbo.

Splendi anima-loto

dal fango delle umiliazioni,

illumini, invisibile lanterna,

lo specchio stagnante

da cui ho preso vita.

Rischiari gli angoli bui

della coscienza addormentata.

Fioriscono i petali in ali.

Anch’io, ora, son libellula in volo.



(Valentina Meloni)
 


13 mayo 2012

Como el rio


Como el río

Como el río

que se desliza mansamente

por su cauce,

así nuestra vida

va marcando surcos

a medida que avanzamos.

Vida vivida

de claros y oscuros.

Veredas de inmensos

y maravillosos colores

donde el alma se solaza,

y donde podemos alcanzar

el cielo con las manos.

Sueños en azules

y dorados,

donde nos sumergimos

en cálidas aguas

y unidos en un gran abrazo

renacemos

con un grito de esperanza,

donde todos nuestros deseos

nos han sido regalados.

O como en el jardín del Edén

donde las lágrimas fueron derramadas

por castigo divino,

y como sauces nos acercamos

al cauce de los ríos

para saciar nuestra sed milenaria.

Aguas mansas y dulces

y otras…

turbulentas y amargas.

Así es el ciclo de la vida.

Navegar nuestro propio cauce

hasta llegar a las aguas saladas

de un placido mar

que nos acogerá dulcemente

en su eterno regazo,

siempre,

entre azules y dorados.

Isabel Miralles

http://blogdeisabelmiralles.blogspot.com.es/

11 mayo 2012

Florece al atardecer


si tuviera tu boca

sobre mi espalda

tus besos

para desvanecer el frío

tu semen derramado en tinta oscura

si tu lengua tuviera

y tus atardeceres rojos

y tu voz

para gritar la esencia

y si alguien me cantara

desde lejos

las canciones de amor que tú decías

y nunca fuera abril

y nunca fuera.

Paloma Corrales


http://alcobaparalela.blogspot.com.es



01 enero 2012

La despedida




la despedida 140 x 140
Ayer


Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente

ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente

ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.

Mario Benedetti

19 diciembre 2011

Maria

Maria
160 x 70 acrilico mixto con pan de oro.

http://www.andresrueda.com



ES VERDAD

¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!

Por tu amor me duele el aire,
el corazón
y el sombrero.

¿Quién me compraría a mí
este cintillo que tengo
y esta tristeza de hilo
blanco, para hacer pañuelos?

¡Ay qué trabajo me cuesta
quererte como te quiero!


Federico García Lorca


10 octubre 2011

Capitulo final, Flores sin mal.

Maria José 60 x 80

Perteneciente a la colección de la muestra en
Galeria Laura Márquez , Madrid



SIN PIEDAD

Dagas los ojos.
Traición los labios.
Turbios espejos las manos.
Flores grises de un tiempo pasado.

Azahar los senos.
Piernas de alabastro.
Misterioso volcán.
Arco iris de trapo.

Marcos Jimenez León

08 octubre 2011

Jesús Amaya y el duende


Pedro , Jesús y yo


Aromas de un recuerdo

portada del libro, Todos mis nombres son aire.


del poeta Jesús Amaya , presentado ayer en Granada


Si pudiera ver tu rostro,
decir que te amo,
calmar la angustia
en cada atardecer.

Si pudiera no desvelar tu presencia
por todos los 54 años trances del ensueño,
que es ser solo
como una existencia sin ancla
de quien hizo de la pasión
un árbol amarillo sin nombre.

Si pudiera tapiar mis tristezas,
su vacio, su memoria;
decir que no fuimos esa música,
desnudar el incendio de otras noches
de presencias en cualquier ciudad dormida,
tejer otra piel para tu cuerpo,
ignorar mi dolor que flagela
mi voz de luz enternecida,
exigiendo un mar de olvido.

Si pudiera nacer en ti,
decir que te amo,
prender en los espejos
tu presencia sembrando todos mis pasos,
si pudiera…


Si pudiera romper este silencio
crecido yermo de plenitudes,
hecho en insondables ayes
de sus gritos en esperanza huidos…

(Mi amor por ti sangra ausencias,
Nunca será fuego en otro pecho)

26 septiembre 2011

Flores sin mal VI

Marian Gardi 100 x 50


La música del Amor

Te llaman Amor y sólo brillantes
son tus manos.
Estrellas que resplandecen, semblante.
Áureo cabello de lino fino.

Te llaman Amor y no tienes nombre.
Invisible caminas y sólo tú te conoces.
La mirada danzarina vuela entre el rumor
del eco de las olas y hace vibrar el tímpano
en la pompa de cristal dorado e ígneo.

Sólo tú en mí y yo en ti abrazados
y proyectados hacia el infinito.
Te llaman Amor el gran desconocido...

MarianGardi

17 septiembre 2011

RÁVENA

Buscar la forma más enérgica de color posible, el contenido carece de importancia

Poco a poco he descubierto el secreto de mi arte. Se trata de la meditación sobre la naturaleza, en la expresión de un sueño que siempre está inspirado en al realidad.


Henri Matisse




Danza de agua en la tarde 140 x 140




RÁVENA.

Rávena, cristalina filigrana
de vidrio antiguo tejida
en la tesela del tiempo.

Crisálida hídrica
enriquecida de oros,
de transparencias colmada,
acuoso mosaico
ora verde, ora azul, ora rojo,
diáfana bóveda bizantina,
paloma de paz ahíta.
Rávena, áurea y vítrea.

Mayte

http://maytedalianegra.blogspot.com

30 agosto 2011

No espero mas que un Otoño

La luz de la montaña alegra la naturaleza de los pájaros,

las sombras de la laguna vacían el corazón de los hombres.


No espero mas que un Otoño 75 x 87




La mente del hombre busca hacia afuera todo el día.


Cuanto más lejos llega,


tanto más se opone a sí misma.


Sólo aquellos que miran hacia adentro,


pueden censurar sus pasiones,


y cesar sus pensamientos.


Pudiendo cesar sus pensamientos,


sus mentes devienen tranquilas.


Tranquilizar la mente es nutrir el espíritu de uno.


nutrir el espíritu es retornar a la Naturaleza.


POEMAS CHINOS

04 agosto 2011

QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN



Flores de ilusion 70 x 80

¡QUÉ TRISTEZA DE OLOR A JAZMÍN!

¡Qué tristeza de olor de jazmín! El verano
torna a encender las calles y a oscurecer las casas,
y, en las noches, regueros descendidos de estrellas
pesan sobre los ojos cargados de nostalgia.

En los balcones, a las altas horas, siguen
blancas mujeres mudas, que parecen fantasmas;
el río manda, a veces, una cansada brisa,
el ocaso, una música imposible y romántica.

La penumbra reluce de suspiros; el mundo
se viene, en un olvido mágico, a flor de alma;
y se cogen libélulas con las manos caídas,
y, entre constelaciones, la alta luna se estanca.

¡Qué tristeza de olor de jazmín! Los pianos
están abiertos; hay en todas partes miradas
calientes... Por el fondo de cada sombra azul,
se esfuma una visión apasionada y lánguida.




Juan Ramón Jiménez

02 agosto 2011

Sonora seda de agua




YO NO SOY YO

Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.



Juan Ramón Jiménez

29 julio 2011

Flores sin mal IV

Petite Lucie 60 x 48
Sera expuesto en Octubre, en Galeria Laura Márquez ,Madrid.





Agua de vida



¡Quiero agua…!

Agua cristalina para beber sin pudor…
Agua para respirarla y amar en libertad…
Agua para bañarme en esencia…
Agua… donde no exista el tiempo…

Agua para mirar y no ver vidas paralelas…
Agua para navegar por mi cauce…
Agua para recorrer caminos de la mano…
Agua para poder ofrecerme por entero…

Agua para obtener oportunidad
de saciar mi sed…

¡Agua!

mi amigo…







Laura Márquez





http://www.lauramarquez.es

09 mayo 2011

Flores sin mal


El primer retrato, de una serie que se expondrán, en la Galería Laura Márquez.
Octubre 2011 Madrid



Retrato de Laura Márquez 80 x 60


La moda se pasa de moda, el estilo jamás.

Gabrielle Coco Chanel

He cometido el peor de los pecados, quise ser feliz.

Teresa de
Ávila

1515-1582. Escritora mística española.



Rojo y oro 115 x 29

Un aroma.
Cierro los ojos, y entre los colores de mi sueño surge la evocación de una mujer.
Esa mujer que se confunde entre las brumas del recuerdo...
Y una flor.
¿O es ese búcaro que recoge en una gavilla florida todos los sentimientos que ofrece una sensación?
Andrés, lo ha conseguido de nuevo.
Ha conseguido que la belleza natural de las flores se refleje en el sentimiento entrevisto que nos produce la presencia de un ramo de flores.
La Femme. Toujour la femme… ¡Et les Fleures!
Nuestras mujeres… Nuestras flores…
Fundidas y confundidas en la femineidad sin feminismo. En la sensualidad sin erotismo. En la belleza velada a nuestra vista para provocar nuestra imaginación.
Las flores, como objetos bellos.
La mujer, como objetivo de belleza.
Reflejo unas de las otras.
Complementadas en nuestra mente y complementos de nuestro Ser.
¿Quién podría imaginar su existencia sin la esencia de una mujer o el aroma de una flor?
Desde luego, Andrés Rueda no.
No hay más que recorrer su extensa obra para ver en sus colores el reflejo de la luz que las flores y las mujeres, las mujeres y las flores han representado en cada momento de su vida.
Ahora, ha llegado el momento de dejar fluir esos sentimientos que afloran con el embrujo de su entorno, donde, las flores y las mujeres, las mujeres y las flores tienen una personalidad que se hace patente a través de sus trazos. Unas veces etéreos, otras contundentes para ser la expresión de su alma atormentada por la belleza.
Mujeres y búcaros. Flores y retratos. Rotundos o insinuados.
Así es el alma de Rueda.
En femenino.

Miguel Ángel Júdez Antón.

29 abril 2011

El sentido de la vida

Gatito


Hay que darle un sentido a la vida, por el hecho mismo de que carece de sentido.

Henry Miller






Retrato de mujer




Siempre estará la noche, mujer, para mirarte cara a cara,
sola en tu espejo, libre de marido, desnuda
con la exacta y terrible realidad del gran vértigo
que te destruye. Siempre vas a tener tu noche y tu cuchillo,
y el frívolo teléfono para escuchar mi adiós de un solo tajo.

Te juré no escribirte. Por eso estoy llamándote en el aire
para decirte nada, como dice el vacío: nada, nada,
sino lo mismo y siempre lo mismo de lo mismo
que nunca me oyes, eso que no me entiendes nunca,
aunque las venas te arden de eso que estoy diciendo.

Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,
y quémame en el último cigarrillo del miedo
al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste
con la herida visible de tu belleza. Lástima
de la que llora y llora en la tormenta.

No te me mueras. Voy a pintarte tu rostro en un relámpago
tal como eres: dos ojos para ver lo visible y lo invisible,
una nariz arcángel y una boca animal, y una sonrisa
que me perdona, y algo sagrado y sin edad que vuela en tu frente,
mujer, y me estremece, porque tu rostro es rostro del Espíritu.

Vienes y vas, y adoras al mar que te arrebata con su espuma,
y te quedas inmóvil, oyendo que te llamo en el abismo
de la noche, y me besas lo mismo que una ola.
Enigma fuiste. Enigma serás. No volarás
conmigo. Aquí mujer, te dejo tu figura.



Gonzalo Rojas