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18 diciembre 2018

MIENTRAS CAE LA NIEVE





Cuando nieva, con qué delicadeza el cielo coge el gran vaivén del mundo y lo pone dentro de una burbuja silenciosa.

(Fabrizio Caramagna)

15 diciembre 2018

SOLES Y HORIZONTES DORADOS


DESDE MI TORRE MUDÉJAR   

488 Soles y horizontes dorados

Esta meseta de horizontes infinitos, apenas unas líneas que en la lejanía se difuminan e igualan, que se confunden en su interminable alejamiento, es propicia para la visualización de unos atardeceres cuasi marítimos. Si a ello unimos la profundidad del campo visual en lo que a nubes se refiere, encontraremos unos atardeceres que son tan espectaculares.
Cielos que al atardecer se tornas de azules a grisáceos, que poco a poco se tiñen de arco iris, de dorados, de anaranjados y violáceos… y el sol como un pandero refulgente y deslumbrante, rodeados de rojos exultantes… es la apoteosis de esos crepúsculos tan espectaculares de esta meseta, una planicie a más de 800 metros de altura sin accidentes geográficos reseñables hacia el oeste que dificulten o eleven la línea del horizonte. Sustancialmente es la horizontalidad…


RICARDO GUERRA SANCHO
 Cronista Oficial de la Ciudad de Arévalo. AVILA

26 marzo 2017

SOL DE CASTILLA







Tú me levantas, tierra de Castilla, 
en la rugosa palma de tu mano, 
al cielo que te enciende y te refresca, 
al cielo, tu amo, 

Tierra nervuda, enjuta, despejada, 
madre de corazones y de brazos, 
toma el presente en ti viejos colores 
del noble antaño. 

Con la pradera cóncava del cielo 
lindan en torno tus desnudos campos, 
tiene en ti cuna el sol y en ti sepulcro 
y en ti santuario. 

Es todo cima tu extensión redonda 
y en ti me siento al cielo levantado, 
aire de cumbre es el que se respira 
aquí, en tus páramos. 

¡Ara gigante, tierra castellana, 
a ese tu aire soltaré mis cantos, 
si te son dignos bajarán al mundo 
desde lo alto!

Miguel de Unamuno



21 septiembre 2016

AVILA

RETRATO INCANDESCENTE


Un artista cuya patria es el mundo, que se ha forjado como pintor lejos de allí donde nació, que ha trabajado ya sobre ciudades tan emblemáticas como París, Venecia, Nueva York, Estambul, Granada o  Madrid y que   regresa a “su ciudad” cargado de experiencia.

 Paradójicamente, el  reencuentro se produce en el mismo lugar en el que Teresa, despechada,  volvió su mirada para despedirse de Ávila mientras sacudía el polvo de sus sandalias.

Desde allí aborda  su primera aproximación  artística, como él reconoce,  a “su ciudad”. Seguramente con el respeto que provoca enfrentarse a lo más conocido, a lo que más nos importa.

Ha elegido el perfil más favorecedor de su modelo –Ávila- y la hora que tan bien sabe pintar: aquella en la que el cielo va cediendo su color, sin perderlo aún del todo y las ciudades se engalanan con sus joyas más brillantes. No los colores de la luz diurna que los muros  reflejan, sino la luz que los alumbra recayendo sobre ellos al anochecer.  Ha creado no un paisaje de una ciudad que se ilumina, sino un retrato, un retrato incandescente, que emite por sí mismo su propias luces desperdigadas por calles,  torreones y almenas.

Si Teresa encontró en la oración su “Camino de Perfección” espiritual, Andrés Rueda lo encuentra, en lo artístico, en esas ciudades radiantes en su transición hacia la  noche.

Pilarr J.C.

07 junio 2013

Mística primavera





8 DE JUNIO



Mística primavera


Nací el 8 de junio.
Toda la luz se derramó en mi sangre,

pero hace tiempo que no encuentro
ni la luz ni mi sangre.

Pensé que era mejor poner mi vida
muy lejos de las cosas que he querido,
muy lejos de las cosas de este mundo,
muy lejos de tu amor, que ha sido el mundo.

Me fui fuera de ti
para poder volver un día
curado de la bestia que me ocupa.
Pero la bestia se ha hecho grande,
tan grande como puede hacerse un hombre,
y vamos los dos juntos de la mano
camino de la muerte:
                                 ¡si me vieras!,
los ojos que quisiste son agujas
clavadas hacia dentro.

Soy uno de esos hombres que desguaza
las flores con sus botas de jinete.
Consumo polen ácido,
comulgo reno crudo, escupo arcilla.
Me digo con palabras que les lamen
los ojos cancerosas a los ciegos.

Confieso que he bebido cera hirviente

tratando de sellar todas mis puertas.

A veces, si mi bestia se ha dormido,
planeo una manera de escaparme:
me visto un traje nuevo, me anudo una corbata,
mas, vueltos al espejo mis dos ojos,
descubro que me mira un hombre muerto.

Y entonces, inhumano, desterrado,
retorno al colchón sucio de mi siglo
y cumplo un año más lejos de todo.

No he vuelto a escuchar luz.
No he vuelto a besar pulso.
Me alumbran y devoran la garganta
estrellas tan brillantes que son negras.

Mas dejo testimonio de que todas
las noches de mi vida he pronunciado
tu nombre con gemidos animales.
Tan fuerte te he llamado que no existe
frontera entre el aullido y mi persona.

Quizá sólo fui alguien un instante
del 8 de aquel junio de aquel año,
lo mismo que son hombres los que lloran
y dejan de existir los que no aman.

 Antonio Praena

 Premio Nacional de Poesía José Hierro