
El respiro 90 x 90
Vivo en la acuosa cavidad de tu boca,
en esa ubérrima vega que desgrana ósculos
con sabor a vino tinto y cerezas,
en la rauca modulación de tu voz,
en el especiado acento de un susurro.
Vivo en tu mirada, lánguida y tierna,
cuando no sedienta de lupinos plenilunios,
en la minuciosa taracea de las arrugas de tu ceño
y en tus ágiles dedos, obstinadas hiedras
que se enredan sobre mi talle de mirto.
Vivo en el rocío que cede la aurora
cuando abandonas el tálamo,
engalanado de tafetanes y virginales azucenas,
donde hemos yacido,
en esa humedad que transporta el viento
para quebrar los vitrales del olvido,
y en el amaderado aroma a sándalo, y a cedro del Líbano,
de la caja que atesora nuestros recuerdos,
esos recuerdos, breves y vívidos,
que amanecen en mis ojos con el embrión del día.
Vivo en las horas trenzadas por la noche
sobre mi exhausto vientre, pleno de amor y de deseo,
henchido de placer y de bermejas amapolas,
y así vivo en mis rotundos pechos,
que amamantan la voracidad de tu implacable apetito,
que alimentan de salaz pasión los surcos de tus suspiros.
Vivo en todo eso, en ti, mi amor, y en tus besos…