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10 mayo 2017

Desorden de luces. Gran Vía, Madrid








Andrés Rueda, 2017

“Nocturno I, Gran Vía”
Luz sobre lienzo.

De nuevo Andrés Rueda regresa a la Gran Vía de Madrid, cuyos fascinantes crepúsculos ha pintado ya tantas veces.
En esta ocasión ha dejado que el sol se ponga, que acabe el crepúsculo, que avance la noche, que el cielo pierda las cintas de colores de cada tarde y se quede así desprovisto de protagonismo.
Esta vez no es la luz del cielo la que reclama su atención y la nuestra, sino las luces desquiciadas (como él mismo dice) que iluminan e incitan el devenir  frenético de las criaturas que habitan ese espacio a nivel de suelo, afanándose en un disparatado  ir y venir sin sentido, como hormigas enajenadas que se esfuerzan en correr  deprisa, deprisa, sin comprender del todo para qué.
Pero también el ruido que ese frenesí produce y que alimenta esa locura. En efecto, el ruido está en el cuadro.
En la pintura aparecen tres niveles que subrayan el contraste entre la serenidad del oscuro firmamento nocturno y la estridencia  demente de la  gente en las aceras y del tráfico en las calzadas.  Un tercer nivel intercede entre ambos:  las  fachadas iluminadas, que parecen querer despegarse del  absurdo  bullicio y huir,  elevándose hacia el denso silencio del cosmos.
Como siempre, Andrés Rueda vuelve a sorprender con su manejo de la luz, como si en lugar de pigmentos tomase porciones de luz directamente del escenario que pinta y las depositase después en el lugar preciso del lienzo. Así, la cartela de este cuadro debería decir:


Pilarr JC.

31 diciembre 2013

Happy año de las luces, 2014




Happy ending

Aunque la noche, conmigo, 

        no la duermas ya,

sólo el azar nos dirá 

        si es definitivo.


Que aunque el gusto nunca más

        vuelve a ser el mismo,

en la vida los olvidos

        no suelen durar.

Jaime  Gil de  Biedna


26 noviembre 2013

Canzone della foresta silenziosa



"Corazón del bosque silencioso"

“La terra ha musica per coloro che ascoltano.” 
(William Shakespeare)

Splendida e incantata è Luna nella notte
tessuta d’ombre e malinconie cantate nella pioggia,
sussurri d’alberi, segreti nascosti tra le foglie
nella corteccia, dentro ai cespugli al riparo dagli artigli,
dai denti aguzzi del crepuscolo,
dai mostri che popolano l’oscurità.
L’omino dei sogni accende lucciole di stelle
fiaccole pulsanti come lanterne nel cuore della foresta,
a  illuminare la notte di fiabe antiche e mondi nuovi…
Dentro le caverne delle paure e dell’ignoto
si annidano piccoli esseri fatati. Passi silenti,
orecchie a punta,  gli occhi grandi  illuminati di Sapienza.
Incantati, s’aprono sentieri e cascate turchine, ad ogni passo
piccoli piedi sollevano nuvole di polvere stellata
che ridisegna i contorni delle cose, le forme
e i desideri nell’inchiostro fitto della fantasia…
Dondolano i pensieri dei Giusti, come fiori in offerta,
in attesa di schiudersi, appesi agli alberi della Speranza.
Apriranno le corolle al tocco di piccole mani bambine
risvegliando sogni innocenti  e trame colorate…
Piccole, sommesse, risate lontane. Ogni piccola parte
della foresta sembra protesa nell’ascoltare quelle voci.
Tutto tace. Solo campanelli suonati dal vento,
forse canzoni di fate e polvere di stelle tra gli alberi!

(Valentina Meloni)