29 noviembre 2010

Sueño despierta


AMAZONA


Sueño despierta

ese pretérito rojo imperfecto

que trazó una circunferencia

sin círculo y un triángulo sin vértice.

Camino el trapecio del azul

en todos sus colores selváticos

como amazona llena de dicha

que da luz a miles de besos

en los labios.

Mujer griega y romana

hice del dolor

una blanca transparencia

que no quiero volver

a encontrar.

Mónica López Bordón


http://www.monicalopezbordon.com

28 noviembre 2010

LO IRREPARABLE-Emilio Prados



Me asomé, lejos, a un abismo...

Nuevo amor






LO IRREPARABLE


Cuando nos separamos,
_ cuando huiste_
quedamos sólo uno:
tan sólo una semilla,
un huerto, un solo árbol.
Después, cuando volviste
_ cuando nos encontramos
de nuevo _, no nos reconocimos:
éramos dos y ahora para siempre:
dos árboles, dos sombras, dos silencios.

Emilio Prados






Cerré mi puerta al mundo

Dormido en la yerba




Ven, méteme mano

¿Vivo del mar?

Y mi silencio...

Emilio Prados (1899-1962).

21 noviembre 2010

De nuevo La Luz

"Tengo una grande y determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera me muera en el camino, siquiera se hunda el Mundo"


Teresa de Ávila




De nuevo la luz




De nuevo La Luz.


De la Moraña


A la Morería.


De los otoños de encina a los veranos de ciprés


De aromas de pino


A los sutiles olores del jazmín y la buganvilla.



Este sigue siendo el siempre renacido y “viejo” Rueda.


Mediterráneo y continental


Céltico y Omeya


Gredos y bética fundidos por la sensibilidad de la luz.


¡Y el agua!



Miguel Ángel. (admirador y amigo)

19 noviembre 2010

Loma encantada


Loma encantada

Este cuadro es una sugestión de formas y colores acentuada por su encuadre horizontal tan acusado que limita la verticalidad y nos remite a un encuentro, del cielo y del suelo, lleno de vida y evocación erótica. Uno cielo luminoso y coloreado en azules, y un suelo húmedo, floral, lleno de vida y belleza. Todo está envuelto en la abundancia de colores y de vegetación. La composición acentúa las líneas suaves y onduladas, el cielo se deja deslizar suvamente por la loma. Un sueño de confort natural y abundancia nos invita a relajarnos, a gozar del encuentro cercano de dos mitades que se reclaman. Es una obra que nos incita a averiguar el secreto de su atractivo.

Manuel Cerezo Arriaza

http://manuel.cerezo.name/

16 noviembre 2010

Crepúsculo y la noche


Crepúsculo y la noche 116 x 100

Apenas queda luz para iluminar el campo y la silueta de un árbol. Luz de fuego con el sol cayendo. Naranja y magenta que la noche lentamente va apagando. Pero la belleza no cesa, porque un hermoso manto azul todo lo cubrirá, y esa silueta de ese árbol protagonista seguirá ahí, iluminada con el reflejo de la luna. Ese magnífico instante entre la tarde y la noche quedó ahí inmortalizado en esta preciosa obra, que nadie como tú Andrés, sabe plasmar.

Mayte Iglesias Blazquez

http://maybla.artelista.com/

11 noviembre 2010

El ángel es el secreto.


El ángel es el secreto. pastel sobre tela

Viaje

El sol se oculta.

Estoy preparado.

Los mensajes son el fuego.

La noche aún resiste.

El ángel es el secreto.

Los colores quiebran el azul.

Los pájaros anuncian el paso del viento.

La poesía se orienta hacia el misterio.
El viaje es el camino.

Escribo Machado y amanece.

Pedro Enríquez

( de Liturgia del olvido)



Pedro Enriquez en mi estudio

05 noviembre 2010

Dos Escritores y un Pintor

Desvaidos reflejos 100 x 90


Callaos, mientras se cruzan los sueños.
Veréis como todo anda,
nada queda vacío;
veréis un niño sin vestiduras,
bebiendo en la altura de las fuentes;
veréis la evidencia en la nada
y, sin embargo, todo resurge
en la antorcha de la alegría;
veréis el alba clavada en la luz,
enredada en la tierra,
desbordando una paz imborrable
como presente sin palpitación;
veréis el camino de las calles
en las raíces del tiempo;
veréis un paisaje secreto
de un momento no vivido
y encontraréis una mano verde
de recuerdos que os acompaña.
Imaginaos que la verdad existe,
que el tiempo es ese momento
en que se detiene vuestro destino,
que ese momento no es un recuerdo
de otro recuerdo del ayer,
que el recorrido de un día
no vale para el siguiente.
Entonces, comprenderéis que todo es inútil,
que la lucha no acaba mientras se vive.

Pedro López Ávila

http://pedrolopezavila.blogspot.com/



Una flor de agua cae 81 x 65


Andrés Rueda: la visión como relato

Visitamos la Galería de Arte de La Zubia. Hay dentro un cuidadoso ejemplo de respeto por el arte y por el visitante. Nada distorsiona en su cuidada instalación la mirada del público a la muestra pictórica, nada inquieta más que lo que se adivina tras la densa mirada que incita a esa pintura. Andrés Rueda expone su obra.

El visitante se encuentra de pronto convocado a ver la realidad con arreglo a un conjunto de condiciones insólitas. El mundo que sostiene nuestra vida se compone de insinuaciones efímeras, que a veces solo duran pocos segundos, para perderse luego en la memoria, o quizá para precipitarse entre la niebla y el olvido. El tiempo parece apaciguarse en torno a la muestra.

Asistimos al instante en el que la visión se hace evocación y laberinto de espejos que nos proyectan hacia puntos de vista y a modos de ver y percibir con los que no habíamos contado. Es el momento en que son conjuradas las leyes de la forma y del cromatismo que nos permiten acercarnos a la identificación de los espacios y de las escenas cotidianas.

El tiempo y el mundo parecen haber detenido su aliento. Aspiran a ese sosiego con que se inicia el presente, reclaman voz para esos parajes que no se resignan a la indiferencia y condensan en sí mismos las preguntas más sutiles y las respuestas más sencillas.
El agua y la luz se vinculan en un temblor de recental que se resiste a ser abandonado en el páramo. El oleaje acaba de expulsarnos como si fuéramos viejos navegantes que confiaron en sus fuerzas con desmedida arrogancia, y hubiéramos ya comenzado un vagar sin huellas en la arena, sin viento sobre el rostro.

Pero esa luz que se disuelve entre lo umbrío nos afirma frente a la soledad, da forma reconocible a nuestra perplejidad, ahuyenta esos ocupantes furtivos que inquietan nuestros sueños.

Andrés Rueda se asoma al mundo para ofrecerlo, con esa lentitud con la que nuestro idioma, el viejo y nítido castellano que él aprendió en su infancia, ha creado esa palabra. Viene del otro lado, ha subido el collado que se ve a la espalda de nuestro mundo rutinario y aparece desde lo alto de un vivir errante, quizá a iluminar con genial humildad de caminante avezado nuestra perplejidad.

Manuel Díaz Castillo
Catedrático de Literatura Española